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Tendedero Dark. Ciudad, Túnel Humo. Parte 3

No es una foto en blanco y negro, toda su ropa era negra y no puedo saber más. Claro de que la ropa interior, me confirma que la dueña es una mujer.

Entonces la dueña es dark o quizá es vampiresa o será que por casualidad que esta vez todo es negro, como para no mezclar los colores en la lavadora.

Imposible de saber, es más no quiero saber. Mejor imaginar…

Es la Calle Praga de la Zona Rosa de la Ciudad de México, a unos metros hay una iglesia gótica hermosa, pero completamente fuera de lugar, esos dos datos me inspiran a escribir la siguiente hipótesis:

Hace varios siglos en la sinagoga de la Ciudad de Praga, un rabino desesperado destruía un monstruo gigante de arcilla, borrando la letra Aleph de su frente. Lo que nunca supo el desesperado religioso, fue que El Golem, antes de volverse enorme y comenzar a destruir todo, estuvo enamorado.

Pero ¿De quién se puede enamorar un gigante de tierra?

De una gárgola de la catedral de San Vito en Praga, relación que por supuesto se mantuvo en secreto hasta ahora, porque cada uno tenía una religión diferente.

La gárgola quedó embarazada, dando a luz a mellizos, hombre y mujer de los cuales no hay ningún registro de su apariencia física, pues vivieron en la clandestina oscuridad, criados lejos de todos los ojos. Inevitablemente vino el incesto y con las décadas la reproducción de la familia.

Cada generación era más espantosa que la anterior, siempre escondidos en los sótanos de San Vito.

Hasta que el año pasado, Lucrecia la menor y más espantosa monstruosidad, decidió escaparse. Al salir, de los sótanos y al notar el terror que causaba en los visitantes, decidió refugiarse en una tienda de marionetas próxima a la catedral. Se metió a un escaparate y se mezcló con la mercancía imitándola.

Pocos minutos después, una pareja  de mexicanos turistas, se asomaron a la vitrina, quedaron fascinados con la “marioneta”, preguntaron en la caja el precio, pagaron, les preguntaron si querían una envoltura, respondieron que no, que ellos la tomaban y se la llevaban. Todos de acuerdo.

El matrimonio mexicano estaba tan emocionado con su compra que ni siquiera pensaron en que no tenía cuerdas.

El avión fue incómodo, pero el depósito de equipaje era menos frío y menos oscuro que dónde había crecido. Ya en México, el taxi los dejo en el departamento de la Calle de Praga. Al abrir las maletas Lucrecia comenzó a hablar. Después del desmayo doble el matrimonio logro comunicarse gracias a un traductor de Checo que se descargaron de internet.

Lucrecia podía quedarse sin salir nunca a la calle, para no matar del susto a nadie. Ella acepto encantada, todo era mejor que su apestoso escondite. Le mostraron su habitación y su anfitriona se ofreció a lavar su ropa, mientras tanto le prestarian una pijama.

Lucrecia se puso la pijama y se metió por primera vez a una cama, puso su cabeza en la almohada y durmió instantáneamente.

La cuerda que cuelga de la ventana del departamento del primer piso, se fue llenando de prendas negras, aprovechando el sol de la resplandeciente mañana.

 

 

Ciudad, Túnel, Humo. Parte 2

Salieron vestidos de ropas multicolores, tocando sus tambores y sus instrumentos mientras cantaban con enorme orgullo a Krishna rodeados del humo del incienso, por las calles de la Colonia San Miguel Chapultepec.

Ella iba al centro del grupo, su pelo negro y chino cubierto por una mascada naranja y sus ojos verdes. Bailaba en medio de todos a pesar de haber llegado al Ashram de los Are Krishna hace apenas una semana.

De niña sus padres la llevaban a aprender de  Guru May en la Condesa, los veranos se pasaban en de retiro en el Estado de Nueva York, haciendo trabajos comunitarios. Un par de viajes a India después y la alegría de dar ya viajaba por su interior.

Más tarde en la secundaria dejo a su Guru para unirse a un rabino de Lubavitch que había conocido en Polanco a la salida de su escuela, un gordo pelirrojo y simpatico que de no haber sido estudioso de la Torah,  sin duda encabezaría a una compañía de clowns. El Rabino le dio un camino y cosas que hacer desde que abría los ojos muy temprano, hasta que los cerraba en la noche y los sábados eran un banquete de historias que pasaban de generación en generación, siempre con una moraleja, un mensaje aplicable a  la vida.

Justo antes de terminar el colegio conoció el amor por alguien en concreto de la manera menos espiritual, el joven del que se enamoro estaba continuamente hasta arriba, siempre intoxicado. Salian de martes a sábado de un bar al otro, sin ofrecerle nada más que diversión. Ella había aceptado poniendo de lado el amor universal, rendida a todo placer y sin poner el más mínimo pero.

Hasta esa mañana de hace una semana en la que si bien no recordaba cómo había llegado hasta ahí, ni en qué momento se acurruco en un cartón bajo el techo de la panadería del Metro Juanacatlán, si recordaba el instante en que sintió su cuerpo demasiado estimulado desde afuera y su alma como una fosa de clavados sin agua.

Amanecía y pasaron con incienso y panderos, no la invitaron a seguirlos, ella se quito los zapatos y los persiguió hasta el Templo Are Krishna de la calle Tiburcio Montiel.

Canto, bailo y un hombre rapado y con una enorme barba blanca le hablo del Atma, el alma, la conciencia inmaterial que baña la existencia humana y la conecta con el infinito.

Así que hoy festejaba a Krishna moviendo la cabeza, sintiendo los resortes de su pelo negro rozando su cara por última vez.

Ciudad, Túnel, Humo. Parte 1

 

La entrada estaba repleta de puestos que hacían cada vez más estrecho el pasillo, además los techos de plástico bajaban lentamente empujados por el peso de la lluvia que caía  a cantaros haciendo bailar a unos abultados globos de agua sobre nuestras cabezas.

Entre más nos acercábamos al acceso, la multitud crecía llegando de otras decenas de pasillos y convergiendo en el nuestro, obligándonos a ir cada vez más lento.
Nuestro paso era ya de tortuga y el agua comenzaba a filtrarse por los lados de los improvisados techos.

El primer chapuzón cayó directamente sobre nuestros pies mojando desde los zapatos hasta el cinturón.

El segundo tuvo un mejor tino directo a nuestras cabezas para terminar de bañarnos con un agua fría y pegajosa.

La fila seguía sin moverse, mientras que los vendedores ambulantes subían el volumen de sus aparatos y de sus gritos. Se escuchaba simultáneamente una cumbia, el audio de una película porno, un regetón, la oferta de 2 chocolates por cinco pesos, la banda sonora de Rápido y Furioso y el llanto de una bebé de meses.

Así pasó media hora sin poder avanzar ni un solo paso, mi garganta comenzó a arder por un resfriado comenzando sin remedio.

Entonces sucedió. Sin entender cómo ni por qué, la multitud comenzó a caminar hacia atrás como una película corriendo al revés.

Palabras de la Presentación de Yosomos

Queridos lectores:

Les comparto mis palabras en la presentación de mi libro el 10 de octubre

Buenas tardes a todos estoy feliz de regresar a Tlaxcala.

Agradezco al maestro José Arellano y a Xadani su invitación a este hermoso espacio.

A Ana de la Macorra y a  José Arellano por sus palabras.

A mi esposa Mery por estar aquí y a todos ustedes por el favor y el calor de su compañía.

Yosomos es un palabra mal dicha quizás, inventada por mí a fin de cuentas y que se me ocurrió caminando por un parque del otro lado del mundo.

Me gusta ser concreto, resumir, por eso me pareció en ese momento, que había encontrado en esta palabra que no existe o no existía, un resumen de varias ideas que me han obsesionado desde que descubrí de la mano de mi hermano Jacobo que la mente no está alojada únicamente en nuestro cerebro, que también está en el colectivo, en la nube, en la lattice y que ese campo de conexión está habitado por toda la conciencia, además de por la que cada uno de nosotros posee.

Somos nuestro país hoy más que nunca ensangrentado, somos nuestra religión integrada a los huesos y a los sentidos, somos las ciudades y pueblos que pisamos en vida y a través de las huellas de nuestros padres y abuelos, somos nuestros hijos y todo lo que les dejamos, ese todo que siempre nos parece poco, somos nuestros amigos, alumnos, maestros…

Este libro que hoy presentamos es también breve y concreto. Se trata de un juego de identidad en el que me atrevo a ser muchos para poder buscar quién soy o quiénes somos, no hay mucha diferencia entre el plural y el singular.

“Pienso luego me desaparecen”. Decía la cartulina arrugada de un estudiante hace dos días en una marcha de rabia por lo que pasa en nuestro país. Escrita con plumón y con prisas, esta poderosa frase no ha dejado de dar vueltas en mi cabeza, ya que si bien expresa una verdad incuestionable  a la luz de los últimos acontecimientos, también es cierto que las ideas no pueden desaparecer, y si para Ray Bradbury los libros son indestructibles aunque sean quemados por sus bomberos de Farenheit 451, este libro deja mi identidad en cierta medida fuera de mi y eso no sé porqué me resulta liberador.

¿Qué podemos hacer en un mundo enloquecido por el dinero, el poder y la violencia? ¿Qué nos queda a los que no hemos perdido la esperanza?

Nos queda dejar en la conciencia universal nuestras ideas usando libros, paredes, la web y toda experiencia de libertad.

Invitados todos a leer y sobre todo a volver a Descartes, a pensar para luego existir.

Con su permiso voy a leer un poco del libro…

Libro Yosomos

David  Grinberg Preciado 2014
David Grinberg Preciado 2014

 

Pe y el Pacto

Pe y el Pacto

(Personaje 4ª parte)

Al abrir tus ojos querido Pe alcanzas a percibir el sol colándose por la ventana a través de las hojas del árbol de aguacate que escala hasta tu cuarto. Todavía no puedes distinguir las formas pero tus retinas sienten la luz y el azul con el que están pintadas todas las paredes.

Aunque te sientes bien en tu casa, lloras pidiendo comida, tu mamá llega rápidamente para darte la botella con la formula de un conocido laboratorio internacional. Sobre sus piernas disfrutas el liquido caliente y esperas tu canción en francés -quizás hoy toca la de la pequeña marioneta que es tu preferida – pero a cambio de eso sientes lagrimas saladas que caen justo en el chupón de la botella mezclándose con la formula.

Tu mamá no canta. Hoy llora y te lleva con ella al piso de abajo en dónde escuchas ruidos de mesas y sillas moviéndose, de platos lavándose y a tu abuela Alice dando ordenes a tres cocineras, mientras con su dedo índice pone una kibe tras otra en una charola de la cual son llevadas al aceite hirviendo.

Pssssssss, suena cada vez que una kibe es sumergida.

Brrrrrr cada vez que prenden la licuadora con litros y litros de tajine y jumus.

Tu papá te besa mientras promete no tardarse en el frontenis, estará a tiempo para su quinta vez.

Huele a café turco y es el momento de desayunar roscas con mermelada de naranja hecha en casa.

Te acabas la botella y te abrigan aún más para llevarte al jardín.

Mientras desayunan las dos mujeres, tu escuchas a los pájaros que comparten tu aire y tu espacio.

Eructas al fin. Te cambian los pañales de tela y te vuelves a dormir.

Sueñas con el mar, las pequeñas gotas de lagrimas te llevan a la costa que aún no conoces y comienzas a flotar en el agua mecido por pequeñas olas, que se convierten en la ligera corriente de un río, aparece un palacio y una mujer desconocida te recoge en sus brazos.

–       En Egipto hacíamos los Brit Mila en la sinagoga más grande y hermosa de Alejandría, toda la comunidad venía con regalos a conocer al nuevo varón y a felicitar a los orgullosos padres. Dice tu abuela.

–       Es mejor en la casa. Dice tu madre – Así no se enfría el niño.

–       Pero en la sinagoga hay una silla gigante en donde se sienta el padrino.

–       Aquí hay otras costumbres, la circuncisión se hará sobre un cojín en la mesa.

–       No importa. Felicidades ya tienes tu primer hombre, estas cumpliendo el compromiso con tu pueblo y con tu familia. Voy a ver que no se les queme la comida.

Sueñas con escaleras que suben al cielo, con ángeles que pelean, con pirámides y sobre todo con el desierto. Sueñas con luces de aceite, con vino y con pan salpicado de sal.

Te despierta el ruido de una multitud que pronuncia al unísono las bendiciones.

Tu papá te toma de los brazos de tu mamá que se queda alejada de todo. Sientes que la hora esta cerca mientras atraviesas a todos los que ahora cantan con alegría.

Te ponen en la almohada y el Rabino Filer pronuncia las bendiciones mientras te da con su dedo unas gotas de vino.

Entonces sientes el bisturi en la punta del pene, duele, gritas, sangras y pierdes el sentido.

Cierras los ojos para soñar con persecuciones, incendios y guerras, has sido marcado para siempre igual que tus hermanos, tu padre, tu abuelo, tu bisabuelo y todos los varones de generaciones anteriores.

Tu padre Abraham llego a tiempo del deportivo para cumplir por quinta vez con el pacto de Abraham.

Tu mamá te toma de nuevo en sus brazos y mientras todos comen las delicias de tu abuela, te bebes entre sueños la formula suiza mezclada ahora también con tus lagrimas.

Top Ten

Hola querid@s lector@s:

Me ha dado mucho gusto encontrarme en la vida real y en la virtual, con quienes se sumergen en este blog, .

Hay a quien le gusta el laberinto que se forma con los enlaces y las historias.

Pero también están los que se desesperan por no encontrar algo a la primera.

Es parte del misterio que se va tejiendo tan solo poniendo el material por estricto orden de aparición. Aunque las categorias y el buscador del blog facilitan mucho las cosas.

De todos modos, ya sea la primera o la enésima vez que alguien nos visita, he decidido hacer el “Top 10” del blog para facilitar las cosas.

El criterio utilizado son la cantidad de comentarios de cada post o entrada, así que los que hacen la lista son ustedes.

Un abrazo y feliz primavera para tod@s.

10 Geniofagia (4 Comentarios) http://wp.me/pzaQa-3g

9 Episodio 3 La Batalla por el Templo (6 Comentarios) http://wp.me/pzaQa-1w

8 Visión Extraocular (8 Comentarios) http://wp.me/pzaQa-3K

7 El Potencial Transferido (11 comentarios) http://wp.me/pzaQa-8x

6 Anécdota Pachita (12 comentarios)   http://wp.me/pzaQa-4L

5 El Grinberg de las Galaxias (14 comentarios) http://wp.me/pzaQa-5O

4 Swami Rameshwarananda Giri Maharaj (19 comentarios) http://wp.me/pzaQa-7x

3  El Abuelo Que Se Volvió Grinberg (21 cometarios) http://wp.me/pzaQa-5a

2 Sócrates 308 (23 comentarios) http://wp.me/pzaQa-1Z

1 ¿Luto? (34 comentarios)   http://wp.me/pzaQa-5u

Y la mención especial del jurado (o sea yo):

Munich 2008 (0 comentarios) http://wp.me/pzaQa-7b

(Para ayudar a los recién llegados hemos repetido la publicación de esta introducción al laberinto de Yosomos, un gran abrazo para tod@s)

Personaje 2ª

Personaje  2ª Parte

Mientras tanto tu ombligo querido Pe, es depositado en el bote de la basura quirúrgica y se mezcla con riñones, tumores, prepucios y miembros amputados.

Por fin tu mamá se ha despertado y al fin sientes el calor de sus brazos. Tu madre con todavía residuos en la sangre de la alta dosis de anestesia, sabe menos que tu en dónde esta y en qué momento. Aunque sabe que tiene a su primer hijo en las manos.

Entre sueños buscas un pecho que entre sueños te ofrecen. No hay leche, su cuerpo tampoco entiende que ha sido madre, no le das importancia, mamas aunque sea aire y por primera vez te sabes querido.

La habitación del hospital se ha ido llenando de familiares. Tus hermanos mayores que son ya adolescentes te miran con cariño y con una sensación de no saber si eres hijo o hermano.

En la tele Tibio Muñoz termina en primer lugar la final de 200 metros y es sacado de la alberca por decenas de aficionados enloquecidos por la primera medalla de oro mexicana en natación.

En ese momento tu papá te carga por primera vez y te contagia de inmediato su amor por el deporte.

El hospital normalmente en silencio se vuelve un estadio enloquecido en donde enfermeras, cirujanos, viejos con tanques de oxigeno y heridos en muletas gritan y bailan.

En el sótano una enfermera que en su tiempo libre milita en el Movimiento Pro Hueva esta tan emocionada festejando que decide no incinerar los deshechos quirúrgicos para hacerse la vida más fácil mezclándolos con toda la basura del hospital y así aprovechar para bailar el Mambo Número Ocho gritado por Pérez Prado con el anestesista de guardia que le sube con descaro al radio de transistores puesto en Radio Centro.

Mientras tanto te llevan de brazos a brazos festejando, hasta que tu abuela entra a la habitación y comienza a poner orden.  Primero te carga, luego saca del cuarto a todos para quedarse sola con su hija y su nieto.

De una charola toma un pastel de pistache y se lo ofrece a tu madre, mientras de la ventana sopla una brisa mediterránea de Beirut mezclada con los aromas de sus calles.

Regresas a tu mamá y alcanzas a beber un poco de calostro.

Muy poco tiempo después toca la puerta el enfermero que trae la inyección que corta la leche y mantiene la belleza de los pechos ahorrando además a todas las mujeres esas preciosas horas perdidas en amamantar a sus hijos y como escucha una conversación en Árabe no se molesta en explicar lo que está inyectando.

En la calle un barrendero vestido de naranja deja de tocar la campana para poder subir los botes de basura al camión, el cual echando un montón de humo se dirige a los tiraderos de Santa Fe en donde termina enterrado tu ombligo.

Continuara..

David Grinberg

Pantano de Weston

Pantano de Weston

Florida, 25 de febrero de 2010

Para Leah Bella Attie:

Cuatro días intensos están llegando a su fin y sentados en un puff de los cincuentas, Leah y yo agotados y felices miramos hipnotizados a una bola de pequeños cristales que gira en el centro de la pista de la única disco del pueblo.

Pisamos un pantano cubierto por una capa delgada de cemento que aparenta ser una ciudad, con central de bomberos, correo, lavandería y grandes súper mercados.

En la barra hombres gordos y barbones piden otra cerveza, mientras el coche del Sheriff da vueltas a la manzana, recordándonos a todos, que la ilusión se termina al salir por la puerta.

Hemos trabajado, inventado y encontrado la enésima versión de un espectáculo que planeamos hacer este verano. Sabemos finalmente lo que estamos buscando y nos miramos admirados, el uno por el otro.

Nos sabíamos científica y escritor, ahora también sabemos que somos animales de la escena, que nos gusta cazar juntos, pescar en el aire y volar en el agua.

No se cuantas horas bailamos, primero en casa de Leah con su grupo de Danzas Circulares Sagradas, luego debajo de estas luces al ritmo del más puro pop del sur de los Estados Unidos.

Florida, tierra de la eterna juventud, paraíso perdido de los conquistadores, sustento de parques deslumbrantes en donde todo es posible, pero también La Habana, Caracas, Guadalajara, Buenos Aires… afuera de si mismas.

Miramos la pelota de espejos en el centro de la pista y en lugar de ir por más alcohol Leah dice:

–       Si esa bola tuviera luz adentro sería como Dios

–       No es necesario que desprenda luz. Contesto

–       Si, porque los reflejos somos nosotros y todo lo que existe.

–       Pero según algunas tradiciones Dios no es ni más ni menos que el entramado.

–       No. Debe tener su propia luz

–       ¿Qué es la luz si no la admiramos? Hasta el judaísmo lo dice: Dios sin seres inteligentes que lo miren no es Dios y estos sin su Dios igual a él no es ser humano. Al menos el primero, el que fue creado hombre y mujer sin operaciones de costillas.

–       No te entiendo

–       Piensa en la Teoría Sintérgica y en la no localidad del experimento del Potencial Transferido que acabas de publicar en Yosomos.

–       OK

–       Estamos entrelazados pero también somos el tejido. Antes de este viaje tu y yo, no nos habíamos visto más que unas horas en total y hoy se que tengo, siempre he tenido una hermana.

–       Gracias.

–       Es mutuo, Dios necesita ser observado y nosotros también, si no fuera así no existiríamos. Llámalo como quieras tampoco es necesario llamarlo Dios. Y no importa si emite luz o si solo la refleja.

–       Que fuerte

–       Deja que los creyentes y los ateos se sigan peleando. No te metas, mejor salta conmigo.

–       ¿Sabes? extrañaba esto, poder asombrarme, compartirlo y que se asombren conmigo. Desde Jacobo… no…

La tristeza pasa volando como un pájaro que aterriza en la mesa hasta que Leah dice:

–       Ahora somos capaces de hacerlo sin él.

–       Además no tenemos de otra.

–       Acuérdate de lo que dijiste, Jacobo también esta dentro de nosotros, nadie nos puede quitar lo que nos dejo, ni siquiera su ausencia.

–       No quiero ser observado desde la lástima, recuerda que no podemos transmitir eso.

–       No lo vamos a transmitir, puedes estar seguro. Pero cada quién es libre de observarte desde donde quiera

–       Si, pero no quiero dar motivos.

–       No los darás, ya no.

Y ahora nos miramos y entiendo que es posible tener días así, con todo al mismo tiempo, trabajo, diversión, danza, filosofía, espiritualidad, plegarias y hasta veinte minutos de consumismo comprando regalos y lencería para Mery mi esposa (Por cierto, nunca había entrado a una tienda intima femenina y la verdad no se cómo lograron sacarme de ahí.)

Cierro los ojos y recuerdo a Leah hace unas horas anunciando la última danza circular. Para entonces habíamos bailado mantras budistas, plegarias hebreas para la sanación de los enfermos, textos de Francisco de Asís y hasta el Shema Israel.

–       La próxima danza es el mantra u oración más poderoso que existe.

No se me ocurría nada más poderoso que lo ya bailado, pero entonces comenzó un silbido conocido.

–       ¡Si, Bobby McFerrin y su “Don’t Worry Be Happy”!

Nos reíamos sin parar de bailar, viviendo la unidad desde el circulo formado en el Pantano de Weston en la Península de Florida.

No sabía en qué pensaban los caimanes que nos miraban desde el estanque y la verdad me daba igual.

© David Grinberg Preciado

Pasta Para Hacer Globos

Pasta Para Hacer Globos

Un domingo de 1978 en el Bosque de Chapultepec.

–       Passssssssssssssta para hacer globosssssss, passssssssssssssta para hacer globosssssss.

–       Se va a llevar el Helicóptero de la Cruzzzzzzzzz.

–       Chicharonesssss.

Parece que los vendedores de afuera del parque imitan a los habitantes del nuevo serpentario del Zoológico de Chapultepec.

Dani y Estusha de ocho y yo de diez años estamos paseando con Nathán mi hermano mayor y tío de Estusha y Jackie mi hermano más mayor y padre de Estusha. Es extraño pero Dani y yo somos tíos y Dani desde que nació, pues Estusha nuestra sobrina es unos meses más grande que él. Pero bueno hay pocas cosas que no son un poquito raras en nuestra familia.

En la mañana estuvimos en la Casa del Lago viendo una obra de teatro infantil en la cual Nathán actuaba ni más ni menos que del Perro Snoopy, la verdad nos encanto. Y ahora por fin estamos por entrar al zoológico, pero antes tenemos que comernos un chicharrón con mucho chile y limón, comprar un helicóptero para mi y dos juegos de pasta para hacer globos para Estusha y Dani. Saco mi juguete de la bolsa y giro emocionado la liga que mueve el disparador de mi flamante nave voladora.

–       ¡Vean que alto!

–       Sube hasta el cielo

–       Wauuu

–       Se esta yendo chueco

–       ¡Regresa!

–       Se va al zoológico

–       ¡No!  ¡Mi helicóptero!

Un lanzamiento solamente y el juego ya esta encima de la jaula de las cebras, lo bueno es que Nathán me compra también una pasta para hacer globos y aunque ninguno de los tres logra hacer uno tan grande cómo el del vendedor, nos entretenemos bastante mientras hacemos la enorme cola para ver a las serpientes.

Por fin estamos dentro del serpentario y nos recibe una boa gigante.

–       ¿Se puede comer un elefante cómo en El Principito?

–       Si claro

–       ¿Y cuántos meses tendría que estar sin moverse para hacer la digestión?

–       Unos seis meses.

–       ¿Y con los colmillos del elefante qué pasaría?

–       Yo creo que los escupiría.

–       ¿Pero cómo? Si mientras hace la digestión esta dormida.

–       Oye Jackie ¿Tú crees que la piel de la boa puede ser tan elástica?

–       Oye Nathán ¿Cuándo las serpientes tenían pies, eran serpientes?

Jackie y Nathán se miran con cara de no saber que más inventarnos.

Por suerte para ellos nos empujan a una cola aún más grande para ver a la temida anaconda, la más grande y venenoso asesina que se arrastra sobre la tierra. Mientras tanto Dani y yo nos quitamos los cinturones y lentamente y al mismo tiempo rozamos los cuellos de Nathán y Estusha que gritan despavoridos. La pobre Estusha llora y su papá nos regaña amenazándonos con salirnos de la fila.

–       No porfa.

–       Quiero ver a la Anaconda.

–       Si, perdón Estusha era de chiste.

–       Perdonanos porfa.

–       No lo volvemos hacer.

–       Pues chiflando y aplaudiendo, que si no, nos vamos a la casa. Dice Nathán.

La cola sigue y Dani y yo ya no podemos hacer travesuras con lo cual el tiempo se congela. Yo me voy a mi mundo. Es muy divertido porque, estoy pero no estoy. O sea, sigo en la fila para ver a la anaconda, pero al mismo tiempo estoy viajando a donde yo quiero. Esta vez me voy a la sala de mi casa pero no en un día normal. Si no a los días y noches que Nathán y sus amigos del teatro ensayan. Me acuerdo de “Charlie Brown” y los lápices gigantes para la escena de la escuela. De “Terror y Miserias del Tercer Reich” y la idea del lavado de cerebro. De la “Casa de Bernarda Alba” en dónde todos los personajes son mujeres pero todos los actores son hombres. (La verdad de esa obra casi no entendí nada). Del director Abraham Ose… oserans…Oseransky el de los bonsáis, que viene en su coche negro con Sabina y que todos escuchan en absoluto silencio. Hasta a mi me da miedo y también curiosidad, parece que lleva un mundo solo suyo en la cabeza.

–       ¡Aaaaaaaaaah!

–       Jajajajajajaja.

Estusha me esta dando de mi propia medicina ayudada del cinturón de Dani. Estoy blanco.

–       Se te quito el hipo.

–       No tenía hipo.

–       Jajajajaja.

–       Pasenle. A ver ¿Cuántos son?

Anaconda verde (Eunectes Marinus) de la familia de las Boas. Nos dejan pasar a ver a la gigante en la parte más oscura del serpentario, no decimos nada, solo admiramos al monstruo de ocho metros. Aunque muy rápido nos piden que nos vayamos, que todavía quiere entrar más gente y salimos al sol del Bosque de Chapultepec. Por suerte Nathán y Jackie aceptan llevarnos a los espejos deformados que están abajo del castillo, así que vamos para allá y haciendo globos de pasta caminamos por el llenísimo parque.

Pero en el camino, descubrimos algo. Es un lugar muy escondido y metido en la montaña del castillo, como si fuera una cueva: Audiorama dice en la entrada. Los cinco entramos hablando a todo volumen, pero se acerca un señor con barba y nos pide silencio.

–       Acá se viene a oír música clásica, no a platicar.

–       Wau hay sonido cuadrofónico.

–       Mira ponen cintas de ¼ de pulgada, eso es mejor que los discos LP y los casetes.

–       Y las sillas redondas y de colores están buenísimas.

–       Silencio. Si se quieren quedar es para oír, no para hablar.

Nos sentamos o más bien nos acostamos a escuchar.

Mientras Mozart suena, yo cierro los ojos y pienso en todas las veces que quiero regresar a este escondido lugar.

© David Grinberg Preciado. Barcelona 8 de enero de 2010

Dalai Chumi

Estimad@s lector@s de Yosomos:

Esta historia llena de humor la había escuchado Jacobo en alguno de sus viajes y le encantaba contarla. L@s  invito a leerla y a descubrir porqué me gustaría que fuera profética.

DALAI CHUMI

En la agencia de viajes se encendió el botón de la línea dos del teléfono de disco Alcatel. Del otro lado la Señora Greenstein pedía una cita para organizarse un viaje.

–       ¿Nepal?

–       Si

–       Pero..

–       Pero nada, llego a las cinco.

La puerta de la agencia de viajes se abrió con un beep y los ciento cincuenta kilos de la Señora Greenstein  entraron a la oficina y se sentaron en la mesa del dueño del negocio.

–       Señora Greenstein es un gusto verla por acá

–       Igualmente. Solo necesito el avión de ida y vuelta a Nepal

–       Claro que si. Solo que antes déjeme mostrarle las ofertas de la temporada: tenemos cruceros por el Mediterráneo,  o por el Caribe, Las Vegas, una semana de teatro en Broadway con entradas a Cats incluidas…

–       Quiero ir a Nepal

–       Pero a su edad, Nepal puede ser muy peligroso y sin un tour organizado…

–       Dame un  boleto a Nepal que ya me tengo que ir.

–       Bueno, como quiera señora, pero nosotros solo nos hacemos responsables del viaje en avión ¿Cuándo quiere salir?

–       Ya.

–       En el próximo vuelo

–       Ni modo que en el anterior

–       Y el regreso.

–       Déjalo abierto

Siete escalas y 35 horas después, el avión aterrizo en el Aeropuerto de Katmandú. Por la estrecha escalerilla descendieron los ciento cincuenta kilos de la Señora Greenstein, que luego de pasar migración se acerco a una modesta oficina de turismo.

–       Quiero ir al Himalaya voy a visitar al Dalai Chumi.

–       Espere un momento voy a llamar a un Guía especializado.

Cuatro horas después apareció Dipendra, un esbelto guía.

–       ¿Usted es la qué quiere ir con el Dalai Chumi?

–       ¿Cuándo salimos?

–       Señora no salimos, usted es pesada, un hombre joven tiene que hacer tres días en coche, un mes en mula y otro mes caminando. Con usted sería un año

–       Tengo tiempo ¿Nos vamos?

–       Además necesitaríamos un campamento, varias mulas y unos cinco o seis cargadores para llevar sus maletas.

–       Tengo dinero ¿Nos vamos?

Lo último lo dijo sacando unos cuantos billetes de cien dólares. Media hora después las maletas viajaban en la caja trasera de una destartalada camioneta, en donde  además iban los seis cargadores, delante Dipendra al volante  con la Señora Greenstein.

Luego, tres días de curvas y subidas empinadísimas por caminos de tierra húmeda a punto de despedazarse, hasta que el camino se hizo tan estrecho que fue imposible seguir.

Montaron un campamento con tres tiendas, una era la bodega, la otra el dormitorio de todos los hombres y la tercera la “suite” de la Señora Greenstein.  Por primera vez ceno dal-bhat, un plato de arroz con lentejas y verduras.

Antes del amanecer todos reunidos junto al fuego desayunaron dal-bhat y cargaron cuatro mulas. En la quinta acomodaron con mucho más esfuerzo los ciento cincuenta kilos de la Señora Greenstein.

Se adentraron poco a poco en las cumbres del Himalaya, pasaron frío, y aburrimiento, con muchos días de no poder salir de las tiendas por las tormentas de hielo y nieve. Las nada tontas mulas, se negaban a llevar a la Señora, así que se tuvo que negociar con ellas, para que a lo largo de cada día la señora pasara por los lomos de cada una de las cinco. Sin embargo estos continuos cambios eran muy complicados, hasta que lograron perfeccionar la técnica de pasar a Greenstein de una mula a la otra sin necesidad de que tocara el suelo, entonces pudieron acelerar un poco el paso.

Tres meses en mula terminaron cuando el camino se volvió demasiado pedregoso incluso para estos fieles animales.

Se tomaron dos días de descanso en donde se dieron el lujo de comer dal-bhat durante todo el día y no solo al amanecer y al anochecer. Necesitaban energía para el tramo a pie.

Misteriosamente la Señora Greenstein caminaba al paso de los demás, parecía haber acumulado grasas durante decenios, en el banco de sus carnes, como previendo este momento.

El buen tiempo los acompaño y un mes y una semana después se encontraron con una enorme fila de personas que llegaba hasta la entrada de la cueva del Dalai Chumi.

La Señora Greenstein mando a llamar al monje encargado.

–       Quiero ver al Dalai Chumi

–       Bienvenida. La paciencia es uno de los dones más preciados, el maestro se encuentra en una profunda meditación, calculamos que en unos seis meses podrá empezar a recibir a todas las personas que como usted le esperan.

En ese momento se acabo la paciencia Zen de la que se había armado la Greenstein desde que decidió ir a la agencia de viajes hace ya casi seis meses.

–       Quiero ver al Dalai Chumi ahora.

–       Imposible. La primera prueba es esperar.

–       Ahora mismo

–       No señora, no podemos interrumpir al maestro…

Pero la Señora Greenstein ya había sacado una pistola y apuntaba hacia su propia sien.

–       Ahora, he dicho, ahora.

–       ¡Violencia no, por favor señora guarde el arma!

–       Quiero ver al Dalia Chumi inmediatamente.

–       Esta bien, voy a interrumpir al maestro, pero guarde la pistola y no la vuelva a sacar. La violencia no va con nuestras enseñanzas.

Acto seguido el monje desapareció en el interior de la cueva para salir un par de horas después.

–       El Maestro la va a recibir, pero solo puede decirle siete palabras. ¿Esta de acuerdo?

–       Si, si, ya, llévame adentro de la cueva.

–       Y la pistola me la entrega…

–       Si tenga

El Monje y la Señora Greenstein entraron lentamente al recinto en cuyo centro sentado en flor de loto meditaba el Maestro. El Monje con suma delicadeza toco el hombro del Dalai Chumi para avisarle que estaban ahí. Mientras el Guru lentamente abría sus ojos azules, sin más preámbulos la Señora Greenstein le dijo sus siete palabras:

–       Ya estuvo bueno, vámonos a casa Jacobo.