Archivo de la categoría: Buzón de los recuerdos

Recuerdos de experiencias de todos los usuarios con Jacobo Grinberg

Jacobo en Israel

Jacobo Grinberg Zylberbaum Jerusalén 1990
Jacobo Grinberg Zylberbaum Jerusalén 1990

La historia empieza en Tel Aviv en donde estudiaba Cine y TV. 1990 el año que corría y veinte años mi edad.

Me encontraba preparando un examen cuando sonó el timbre de la casa de la señora mayor con la que vivía. Fui a abrir la puerta y casi me desmayo.

Era Jacobo, mi hermano que sin avisar había venido desde México.

Jacobo sin poner ninguna atención a mi asombro me dijo:

-Acompáñame a Jerusalén, me esta esperando un gran cabalista que se llama David Toledano.

Mi única respuesta fue:

-¿Qué haces aquí?

-Quiero que me acompañes.

Ese era Jacobo, mi hermano mayor, así que olvidando mi examen y mi pasmo prepare mis cosas y nos fuimos.

Nos adentramos en uno de los barrios religiosos de la milenaria ciudad, tocamos en un pequeño departamento y nos abrió el Rabino David Toledano hablando en un hermoso Judeo Español.

Jacobo y el gran cabalista hablaron por horas, mientras comíamos galletas y tomábamos café turco.

Rab David Toledano y David Grinberg. Veinte años después.
Rab David Toledano y David Grinberg. Veinte años después.

Estuvieron de acuerdo en que una mente es capaz de influir a otra sin que entre ellas medie ningún sentido físico y sin importar la distancia, también David Toledano le confirmo que la energía y la materia son totalmente intercambiables y no le sorprendió la experiencia de Jacobo al lado de Pachita la gran curandera mexicana.

Salimos de ahí ya tarde y llegamos a la casa de unos amigos en donde pasamos la noche.

Al otro día el movimiento Paz Ahora (Shalom Ajshav), organizaba una manifestación en la que palestinos y judíos tomados de la mano rodearían la ciudad vieja de Jerusalén haciendo un enorme circulo.

Y Por supuesto estuvimos ahí.

Fue una fiesta de posibilidades de paz, un acto maravilloso cargado de simbolismo.

Espero el día en que algo así se pueda repetir.

Le tome la foto con la que comienza esta entrada ahí y lo acompañe al Aeropuerto.

Mientras yo volvía al amanecer a mi casa de Tel Aviv,  Jacobo volaba a la India en donde seguiría investigando ahora con maestros del  budismo y el  hinduismo.

Todo esto paso en dos días y una noche normales para Jacobo y absolutamente increíbles para mi.

 

David Grinberg Preciado
Basado en un texto de yosomos.com publicado en 2009

 

 

Anuncios

Colegio Tarbut

Colegio Tarbut

Yosomos también 15 años de escuela entre la Cervecería Modelo y la Fabrica de Chocolates Larín.

Dentro de la estructura de cemento llevamos todo este largo periodo de tiempo.

Aunque nos dejan visitar a nuestra familia, la noche no es suficientemente larga para reponerse.

Los pantalones marca Topeka hechos de mezclilla acartonada nos raspan las piernas y las rodillas necesitan además de un parche que se pega con el planchado y cuya textura de plástico nos hace sudar.

A mi hermano lo invitan a buscarse otra escuela a los siete años por haber reprobado una materia.

A mi amigo lo expulsan por inexplicables problemas de conducta posteriores a la muerte de su madre.

A mi me dijeron que no podría escribir nunca nada con tan fea letra.

A todos nos dicen, todo el tiempo, que estamos en la mejor escuela, que tenemos que estar a la altura, que la carrera, el dinero y el éxito se consiguen siguiendo siempre sus reglas.

Nuestra educación esta en las mejores manos, del joven Estado de Israel vienen los nuevos hombres y mujeres a enseñarnos como enfrentarnos a todo. La pólvora de las guerras de Yom Kipur y del Libano aún les manchan los dedos y sobre todo la memoria.

Somos en cierto modo sus hijos, pero también quieren que seamos sus soldados mientras la atmosfera se llena de un olor a Chocolate Almonris, no a Tin Larín, no a Cerveza Corona y yo ya no puedo pensar.

Somos del mismo pueblo, unos luchamos y otros pasan los domingos en el deportivo ¿No se sienten culpables?

Somos el primer beso, el mejor amigo, el enemigo jurado, la primera decepción.

Somos el auditorio que no se puede usar después del temblor de 1985 pero por el que me cuelo con la más religiosa de la clase a buscar autentica agua sagrada.

Somos la última generación que crece sobre cemento, la próxima florecerá sobre la hierba fresca de Cuajimalpa.

Pero somos los que trascendemos todo eso, los que escribimos obras de teatro en el recreo, los que descubrimos el poder unificador de la danza y de la música.

Somos los maestros que nos llevan a los tiempos bíblicos, al país de Alicia, a Waterloo y de regreso a la Gran Tenochtitlan.

Y gracias a ellos también Aura, Génesis, Rayuela, Los Amorosos y Cien Años de Soledad.

Estudiamos biblia sin religión y los ateos no entienden para qué y los creyentes tampoco.

Suena la campana y leemos el Popol Vuh mientras comienzan los olores del sincretismo clarividente y contagioso.

Se escucha la sirena, es una evacuación, salimos en filas al jardín del Hospital Español, tenemos miedo. No sabemos si es otra bomba o si alguien no quiere presentar un examen. Somos ajenos, ni israelíes ni mexicanos ¿Qué somos?

Volvemos a clase, suena el acordeón y cantamos hasta la hora del lunch. Compramos sopes, arroz con mole, zanahorias y  jícamas con chile y limón. Saco mi torta de Salami Fud con queso en pan de Elizondo, mientras tomo agua de Jamaica todavía fría de mi termo.

Abrimos los ojos. Se acabo. Tenemos canas, hijos, matrimonio, divorcio, panza y algunas arrugas en los ojos. El Teatro Cuántico Condensado termina su ejercicio principal.

Nos abrazamos y cantamos. Estamos aquí 23 años después. Vivimos en la extensión de la extensión de la inmensa ciudad de México o más lejos aún a donde también nos la llevamos.

Es el pasado, ni mejor ni peor que el de los demás, simplemente él nuestro.

Estoy feliz de verlos, gracias a todos por venir a hacernos este regalo.

Los Participantes del Teatro Cuántico Condensado
Literal Amor a la Camiseta Original
Organizadores: Halina y David

Pasta Para Hacer Globos

Pasta Para Hacer Globos

Un domingo de 1978 en el Bosque de Chapultepec.

–       Passssssssssssssta para hacer globosssssss, passssssssssssssta para hacer globosssssss.

–       Se va a llevar el Helicóptero de la Cruzzzzzzzzz.

–       Chicharonesssss.

Parece que los vendedores de afuera del parque imitan a los habitantes del nuevo serpentario del Zoológico de Chapultepec.

Dani y Estusha de ocho y yo de diez años estamos paseando con Nathán mi hermano mayor y tío de Estusha y Jackie mi hermano más mayor y padre de Estusha. Es extraño pero Dani y yo somos tíos y Dani desde que nació, pues Estusha nuestra sobrina es unos meses más grande que él. Pero bueno hay pocas cosas que no son un poquito raras en nuestra familia.

En la mañana estuvimos en la Casa del Lago viendo una obra de teatro infantil en la cual Nathán actuaba ni más ni menos que del Perro Snoopy, la verdad nos encanto. Y ahora por fin estamos por entrar al zoológico, pero antes tenemos que comernos un chicharrón con mucho chile y limón, comprar un helicóptero para mi y dos juegos de pasta para hacer globos para Estusha y Dani. Saco mi juguete de la bolsa y giro emocionado la liga que mueve el disparador de mi flamante nave voladora.

–       ¡Vean que alto!

–       Sube hasta el cielo

–       Wauuu

–       Se esta yendo chueco

–       ¡Regresa!

–       Se va al zoológico

–       ¡No!  ¡Mi helicóptero!

Un lanzamiento solamente y el juego ya esta encima de la jaula de las cebras, lo bueno es que Nathán me compra también una pasta para hacer globos y aunque ninguno de los tres logra hacer uno tan grande cómo el del vendedor, nos entretenemos bastante mientras hacemos la enorme cola para ver a las serpientes.

Por fin estamos dentro del serpentario y nos recibe una boa gigante.

–       ¿Se puede comer un elefante cómo en El Principito?

–       Si claro

–       ¿Y cuántos meses tendría que estar sin moverse para hacer la digestión?

–       Unos seis meses.

–       ¿Y con los colmillos del elefante qué pasaría?

–       Yo creo que los escupiría.

–       ¿Pero cómo? Si mientras hace la digestión esta dormida.

–       Oye Jackie ¿Tú crees que la piel de la boa puede ser tan elástica?

–       Oye Nathán ¿Cuándo las serpientes tenían pies, eran serpientes?

Jackie y Nathán se miran con cara de no saber que más inventarnos.

Por suerte para ellos nos empujan a una cola aún más grande para ver a la temida anaconda, la más grande y venenoso asesina que se arrastra sobre la tierra. Mientras tanto Dani y yo nos quitamos los cinturones y lentamente y al mismo tiempo rozamos los cuellos de Nathán y Estusha que gritan despavoridos. La pobre Estusha llora y su papá nos regaña amenazándonos con salirnos de la fila.

–       No porfa.

–       Quiero ver a la Anaconda.

–       Si, perdón Estusha era de chiste.

–       Perdonanos porfa.

–       No lo volvemos hacer.

–       Pues chiflando y aplaudiendo, que si no, nos vamos a la casa. Dice Nathán.

La cola sigue y Dani y yo ya no podemos hacer travesuras con lo cual el tiempo se congela. Yo me voy a mi mundo. Es muy divertido porque, estoy pero no estoy. O sea, sigo en la fila para ver a la anaconda, pero al mismo tiempo estoy viajando a donde yo quiero. Esta vez me voy a la sala de mi casa pero no en un día normal. Si no a los días y noches que Nathán y sus amigos del teatro ensayan. Me acuerdo de “Charlie Brown” y los lápices gigantes para la escena de la escuela. De “Terror y Miserias del Tercer Reich” y la idea del lavado de cerebro. De la “Casa de Bernarda Alba” en dónde todos los personajes son mujeres pero todos los actores son hombres. (La verdad de esa obra casi no entendí nada). Del director Abraham Ose… oserans…Oseransky el de los bonsáis, que viene en su coche negro con Sabina y que todos escuchan en absoluto silencio. Hasta a mi me da miedo y también curiosidad, parece que lleva un mundo solo suyo en la cabeza.

–       ¡Aaaaaaaaaah!

–       Jajajajajajaja.

Estusha me esta dando de mi propia medicina ayudada del cinturón de Dani. Estoy blanco.

–       Se te quito el hipo.

–       No tenía hipo.

–       Jajajajaja.

–       Pasenle. A ver ¿Cuántos son?

Anaconda verde (Eunectes Marinus) de la familia de las Boas. Nos dejan pasar a ver a la gigante en la parte más oscura del serpentario, no decimos nada, solo admiramos al monstruo de ocho metros. Aunque muy rápido nos piden que nos vayamos, que todavía quiere entrar más gente y salimos al sol del Bosque de Chapultepec. Por suerte Nathán y Jackie aceptan llevarnos a los espejos deformados que están abajo del castillo, así que vamos para allá y haciendo globos de pasta caminamos por el llenísimo parque.

Pero en el camino, descubrimos algo. Es un lugar muy escondido y metido en la montaña del castillo, como si fuera una cueva: Audiorama dice en la entrada. Los cinco entramos hablando a todo volumen, pero se acerca un señor con barba y nos pide silencio.

–       Acá se viene a oír música clásica, no a platicar.

–       Wau hay sonido cuadrofónico.

–       Mira ponen cintas de ¼ de pulgada, eso es mejor que los discos LP y los casetes.

–       Y las sillas redondas y de colores están buenísimas.

–       Silencio. Si se quieren quedar es para oír, no para hablar.

Nos sentamos o más bien nos acostamos a escuchar.

Mientras Mozart suena, yo cierro los ojos y pienso en todas las veces que quiero regresar a este escondido lugar.

© David Grinberg Preciado. Barcelona 8 de enero de 2010

Anécdota Pachita

Weston, Florida, 4 de Noviembre de 2009.

Queridos lectores, aquí les cuento otra anécdota de experiencia relacionada con la curandera “Pachita”.
 Estábamos trabajando en el laboratorio de Comunicación Humana de la UNAM, sumergidos  en graficas y electrodos cuando una mujer toco la puerta. El Dr Grinberg no estaba, pero ella nos pidió pasar a contarnos su experiencia. 
Se trataba de  una joven de 18 años con dolores de espalda imposibles de soportar. Médicos de México y Estados Unidos le habían diagnosticado un grave problema de discos lumbares y ella vivía prácticamente en reposo, sin poder no siquiera ni reírse pues al tratar de hacerlo le dolía la espalda. ¿Se imaginan? Los médicos le habían dicho que jamás iba a poder tener hijos.
 Fue entonces cuando supo de Pachita y la fue a ver.
 “
 Al entrar a esa casa recuerdo que Pachita me acostó en una camilla boca abajo, entonces no sentí nada pero escuche como decía:

–Que disco ni que nada, esta chiquilla tiene un tumor…pásame una bolsa de basura que aquí lo saco.

Minutos después me vendo el tronco del cuerpo y me pidió que no me quitara la venda por 3 días.
 Al llegar a mi casa por supuesto que me la quite, tenia solo 18 años y debía ver que había pasado. Solamente tenia en la espalda una cicatriz muy delgadita.
 ¡Hoy tengo casi cincuenta años, nunca más sufrí de dolor de espalda, y tengo 4 hijos!”

Experiencias así entraban al laboratorio, mientras nosotros, pasmados ante la grandeza de lo inexplicable, seguíamos tratando de arrancar a la ciencia sus misterios.

Bendiciones.
Leah Bella

Safed

Entre la niebla y lo empañado del parabrisas del Tsuru gris era casi imposible ver el camino.  Rossana la copiloto, tenía que limpiar a cada rato el vidrio con unos Kleenex que estaban por terminarse. Llovía mucho por la carretera que va de Xochimilco a Oaxtepec, algo normal en el verano mexicano, lo extraño más bien, era que ese camino nos llevara a Tzfat.

Safed o Tzfat es una ciudad en la Galilea famosa por sus grandes cabalistas, durante cientos de años ha sido considerada un centro místico. Jackie le llamaba así a la casa que albergaba el Instituto Nacional para el Estudio de la Consciencia (INPEC) el cual dirigía aunque no tuviera a nadie a su cargo  y también era uno de sus dos lugares de residencia.

– Allá están los puestos de quesadillas.

-Por fin.

Bajamos del coche algo mareados y corrimos a refugiarnos de la tormenta bajo el techo de asbesto ennegrecido por el carbón del anafre. Del Renault 12 se bajaron Jackie y su segunda esposa Tere que ya nos esperaban.

Abrace a mi hermano como si nos hubiéramos encontrado en la punta del Himalaya.

– ¿Cuatro caldos de hongos para empezar?

-Si señora por favor.

Y como buenos Grinbergs nos dedicamos a comer y a hablar en buenas cantidades.

-Aquí les pongo las de Cuitlacoche con queso y las de flor de calabaza.

– Gracias. Ah y unos tacos de cecina también.

Bueno, hablábamos todos menos Tere que estaba de un humor infernal.

Mientras comprábamos alegrías a un vendedor de dulces artesanales las nubes se fueron por completo.

-Vamos a tener que bajar caminando, con tanto lodo los coches no van a llegar.

Entonces Jackie que no podía soportar el ruido del silencio de Tere propuso una meditación.

-Caminamos hasta Tzfat, son como veinticinco minutos, esta prohibido hablar, se trata de sentir cada una de nuestras pisadas en cada parte de los pies, pensar solo en nuestros pasos. Concluyo mirando a Tere  – Ni una palabra.

Nos adentramos en el mínimo sonido de nuestras pisadas sobre el bosque hasta que llegamos.

Dentro de una sencilla obra estaba un estudio con una máquina de escribir portátil, una sala para dar clases o meditar y una pequeña habitación.

Afuera Jackie había construido un ingenioso sistema para recoger el agua de la lluvia guardándola en una enorme cisterna. Estaba tan bien hecha, que cubría todas las necesidades del año.

–       Vengan les voy a enseñar la torre.

Bajamos el empinado jardín hasta llegar a una torre redonda hecha de piedra.

–      Siempre soñé con construirle un castillo a Estusha mi hija, así que dibuje esta torre y se la di a un maestro para que me la hiciera con las piedras que hay por aquí cerca del río.

Así era o es mi hermano mayor, parecía que todos los obstáculos que hay entre pensar algo y hacerlo simplemente no existiesen o al menos no tuviesen ninguna importancia.

Rossana y yo estábamos encantados mientras que Tere se había quedado lejos, del otro lado del terreno.

–       ¿Quieren conocer un lugar mágico?

–       Claro. Conteste

–       Todavía más. Dijo Rossana

–       Vengan

Bajamos los tres hacía el río que corría debajo de Tzfat, lo cruzamos haciendo un camino de piedras y caminamos en medio de la espesa niebla, hasta que, dejando atrás el espeso bosque llegamos a un llano.

-Ya estamos aquí. Ahora les toca descubrir porqué es mágico.

Miramos en todas las direcciones, la verdad es que entre la niebla, los árboles milenarios y la poca luz que le quedaba a la tarde era difícil ver algo que no lo fuera.

Pero sabíamos que había algo más. Rossana descubrió el primero, luego me di cuenta que todos eran iguales, no había ninguno de tres hojas.

–       Todos los tréboles tienen cuatro hojas ¡ Todos!

Dalai Chumi

Estimad@s lector@s de Yosomos:

Esta historia llena de humor la había escuchado Jacobo en alguno de sus viajes y le encantaba contarla. L@s  invito a leerla y a descubrir porqué me gustaría que fuera profética.

DALAI CHUMI

En la agencia de viajes se encendió el botón de la línea dos del teléfono de disco Alcatel. Del otro lado la Señora Greenstein pedía una cita para organizarse un viaje.

–       ¿Nepal?

–       Si

–       Pero..

–       Pero nada, llego a las cinco.

La puerta de la agencia de viajes se abrió con un beep y los ciento cincuenta kilos de la Señora Greenstein  entraron a la oficina y se sentaron en la mesa del dueño del negocio.

–       Señora Greenstein es un gusto verla por acá

–       Igualmente. Solo necesito el avión de ida y vuelta a Nepal

–       Claro que si. Solo que antes déjeme mostrarle las ofertas de la temporada: tenemos cruceros por el Mediterráneo,  o por el Caribe, Las Vegas, una semana de teatro en Broadway con entradas a Cats incluidas…

–       Quiero ir a Nepal

–       Pero a su edad, Nepal puede ser muy peligroso y sin un tour organizado…

–       Dame un  boleto a Nepal que ya me tengo que ir.

–       Bueno, como quiera señora, pero nosotros solo nos hacemos responsables del viaje en avión ¿Cuándo quiere salir?

–       Ya.

–       En el próximo vuelo

–       Ni modo que en el anterior

–       Y el regreso.

–       Déjalo abierto

Siete escalas y 35 horas después, el avión aterrizo en el Aeropuerto de Katmandú. Por la estrecha escalerilla descendieron los ciento cincuenta kilos de la Señora Greenstein, que luego de pasar migración se acerco a una modesta oficina de turismo.

–       Quiero ir al Himalaya voy a visitar al Dalai Chumi.

–       Espere un momento voy a llamar a un Guía especializado.

Cuatro horas después apareció Dipendra, un esbelto guía.

–       ¿Usted es la qué quiere ir con el Dalai Chumi?

–       ¿Cuándo salimos?

–       Señora no salimos, usted es pesada, un hombre joven tiene que hacer tres días en coche, un mes en mula y otro mes caminando. Con usted sería un año

–       Tengo tiempo ¿Nos vamos?

–       Además necesitaríamos un campamento, varias mulas y unos cinco o seis cargadores para llevar sus maletas.

–       Tengo dinero ¿Nos vamos?

Lo último lo dijo sacando unos cuantos billetes de cien dólares. Media hora después las maletas viajaban en la caja trasera de una destartalada camioneta, en donde  además iban los seis cargadores, delante Dipendra al volante  con la Señora Greenstein.

Luego, tres días de curvas y subidas empinadísimas por caminos de tierra húmeda a punto de despedazarse, hasta que el camino se hizo tan estrecho que fue imposible seguir.

Montaron un campamento con tres tiendas, una era la bodega, la otra el dormitorio de todos los hombres y la tercera la “suite” de la Señora Greenstein.  Por primera vez ceno dal-bhat, un plato de arroz con lentejas y verduras.

Antes del amanecer todos reunidos junto al fuego desayunaron dal-bhat y cargaron cuatro mulas. En la quinta acomodaron con mucho más esfuerzo los ciento cincuenta kilos de la Señora Greenstein.

Se adentraron poco a poco en las cumbres del Himalaya, pasaron frío, y aburrimiento, con muchos días de no poder salir de las tiendas por las tormentas de hielo y nieve. Las nada tontas mulas, se negaban a llevar a la Señora, así que se tuvo que negociar con ellas, para que a lo largo de cada día la señora pasara por los lomos de cada una de las cinco. Sin embargo estos continuos cambios eran muy complicados, hasta que lograron perfeccionar la técnica de pasar a Greenstein de una mula a la otra sin necesidad de que tocara el suelo, entonces pudieron acelerar un poco el paso.

Tres meses en mula terminaron cuando el camino se volvió demasiado pedregoso incluso para estos fieles animales.

Se tomaron dos días de descanso en donde se dieron el lujo de comer dal-bhat durante todo el día y no solo al amanecer y al anochecer. Necesitaban energía para el tramo a pie.

Misteriosamente la Señora Greenstein caminaba al paso de los demás, parecía haber acumulado grasas durante decenios, en el banco de sus carnes, como previendo este momento.

El buen tiempo los acompaño y un mes y una semana después se encontraron con una enorme fila de personas que llegaba hasta la entrada de la cueva del Dalai Chumi.

La Señora Greenstein mando a llamar al monje encargado.

–       Quiero ver al Dalai Chumi

–       Bienvenida. La paciencia es uno de los dones más preciados, el maestro se encuentra en una profunda meditación, calculamos que en unos seis meses podrá empezar a recibir a todas las personas que como usted le esperan.

En ese momento se acabo la paciencia Zen de la que se había armado la Greenstein desde que decidió ir a la agencia de viajes hace ya casi seis meses.

–       Quiero ver al Dalai Chumi ahora.

–       Imposible. La primera prueba es esperar.

–       Ahora mismo

–       No señora, no podemos interrumpir al maestro…

Pero la Señora Greenstein ya había sacado una pistola y apuntaba hacia su propia sien.

–       Ahora, he dicho, ahora.

–       ¡Violencia no, por favor señora guarde el arma!

–       Quiero ver al Dalia Chumi inmediatamente.

–       Esta bien, voy a interrumpir al maestro, pero guarde la pistola y no la vuelva a sacar. La violencia no va con nuestras enseñanzas.

Acto seguido el monje desapareció en el interior de la cueva para salir un par de horas después.

–       El Maestro la va a recibir, pero solo puede decirle siete palabras. ¿Esta de acuerdo?

–       Si, si, ya, llévame adentro de la cueva.

–       Y la pistola me la entrega…

–       Si tenga

El Monje y la Señora Greenstein entraron lentamente al recinto en cuyo centro sentado en flor de loto meditaba el Maestro. El Monje con suma delicadeza toco el hombro del Dalai Chumi para avisarle que estaban ahí. Mientras el Guru lentamente abría sus ojos azules, sin más preámbulos la Señora Greenstein le dijo sus siete palabras:

–       Ya estuvo bueno, vámonos a casa Jacobo.

Un Viernes de 1991

Llegue a la Catedral en el metro. Ninguno de los hermanos podía dejar sus ocupaciones y Estusha no estaba en México DF, así que de la familia, solo fui yo.

Jacobo había hablado a la casa un par de días antes para decirnos que habría un servicio interreligioso en la catedral con motivo de la visita del Dalai Lama a la ciudad. El rabino Palti de la Comunidad Sefaradí de México no podía acudir en representación del judaísmo por ser la víspera del Shabat, así que había pedido a Jacobo que lo sustituyera.

Me senté en la abarrotada catedral a escuchar, al Arzobispo, al Imán, al Pastor a Jacobo y al Dalai Lama.

Recuerdo a los asistentes, a las personas humildes que normalmente acuden al céntrico recinto, sentados al lado de  are – krishnas, árabes con turbante, hippies, mujeres elegantes, hombres con traje de marca…

El servicio ecuménico estaba dedicado a la paz y cada uno de los ministros o sacerdotes hizo una pequeña plegaria por ella.

Yo miraba una y otra vez hacia donde se encontraban los representantes religiosos y mi asombro era total. Estaban todos juntos en el estrado del más importante recinto católico de America, rezando por lo mismo y mi hermano (que no tenía nada de Rabino) representaba a los judíos desde el asiento contiguo al Dalai Lama. Confieso que me costaba asimilar lo que veían mis ojos y lo que escuchaban mis oídos.

Pero era así, la catedral vibraba en armonía con lo que ocurría en su interior, mientras Jacobo hablaba de la unión entre todos los seres humanos por encima de toda diferencia, tal como aquella ceremonia la comprobaba. Concluyó rezando la plegaría del Shema Israel, pronunciando la bendición del vino y deseando a todos los presentes Shabat Shalom: un sábado de paz.

Cuando la ceremonia acabo, me di cuenta que no era el único con lagrimas en los ojos, muchos nos habíamos emocionado con palpar la armonía lograda con un poco de voluntad y de aceptación de los otros.

Me acerque a saludar a Jacobo, lo felicite, se volteo y me presento al Dalai Lama. La sonrisa del monje tibetano se abrió y con ella una alegría sencilla, absolutamente infantil y al mismo tiempo tan poderosa que te convertía de inmediato en niño de nuevo.

Nos despedimos y salí a la lluviosa Ciudad de México que parecía llorar porque los instantes de magia posible habían terminado, aunque quizá, me consolé, tan solo habían comenzado.

A mi lado paso un auto ingles muy lujoso, la ventanilla eléctrica se abrió, era la sonrisa del  Dalai Lama que se despedía de nuevo, Jacobo sentado a su lado me grito:

-Vamos a comer churros con chocolate al Café de Tacuba. Te quiero Dudi gracias por venir.

El coche acelero salpicando los charcos.

Anécdota de Leah Bella Attie

Trabajar para Jacobo tanto años me da la alegre oportunidad de contarles muchisimas anecdotas, asi que ire poco a poco.
Una de las mas interesantes fue cuando nos conto una historia con Pachita, la curandera que realizaba cirugías con cuchillo de monte (les recomiendo leer el libro, “Pachita”).
La primera vez q Pachita dejo a Jacobo entrar en “el quirofano” el cual era una habitacion comun y corriente, ella realizo una operacion, al terminarla le dijo:
–Satura
–Sutura, contesto Jacobo.
–No, Satura, le grito ella.
–Se dice sutura, donde tienes el hilo?
–Satura, le contesto una vez mas. Y tomandolo de las manos se las coloco sobre la herida del paciente y le dijo de nuevo:
–Satura, satura de energia esta zona para q se cierre la herida.
Jacobo puso entonces sus manos sobre la persona q estaba en la cama y lleno de energia la zona…la herida se cerro.

Se pueden imaginar este tipo de historias contadas en el laboratorio de psicofisiologia de la UNAM???
Era verdaderamente un abanico de emociones, mezclando ciencia de vanguardia con estadistica ortodoxa.  Platicas esotericas entre lectura de textos de fisica…
Hoy en dia es mas comun el tema ciencia-espiritu, pero creanme que en 1990, hace 19 años q lo conocí, no era nada comun… A veces Jacobo decia “no hablen muy fuerte, no nos vayan a oír”.

Experiencia de Goldie

Lector@s y amig@s de Yosomos:

Les comparto una experiencia de Goldie con Jacobo.

Me emociona la forma en que estamos comenzando a reconstruir sus memorias con palabras llegadas desde todas partes del mundo.

Un abrazo

Querido Dudi:

Nathán acaba de cumplir años y yo cumplire dentro de pocos dias. Nacimos ambos en el mismo año y las memorias de ellos y el tratar de recordar a Jaquie (Jacobo) me han regresado a mi infancia con ellos y tantas convivencias.
He sentido por tanto tiempo una enorme tristeza al haberse perdido una vida tan preciada y sin tener respuesta a tantas incógnitas rodeando su desaparicion. Estos pequeños capitulos recordando son maravillosos.
Yo tengo una pequeña historia.

Mi mama era la hermana menor del papa de Jaquie. En 1956-7 mis padres invitaron a Jaquie a un viaje de familia a Nayarit, Guadalajara, y creo que a Camomila. Yo tenia 5-6 años entonces y era la menor. Mi hermano Jaime, primas Lina y Raquel , todos de la misma edad y 6 años mayores que yo, también viajaron con nosotros. Obviamente los mayores, Jaquie incluido (dos años menor que mi hermano, Raquel y Lina), estaban en su propio mundo de travesuras y andanzas.

Una noche, por poco quemaron el hotel, otro dia se fueron de pesca (¡en el acuario del hotel!) y en fin, fue un viaje inolvidable. Una mañana durante el desayuno, Jaquie tenia su taza de café con leche y le empezo a poner una tras otra cucharada de azucar. Yo lo miraba embelesada y finalmente con una sonrisa picara me dijo: no te preocupes, no lo revuelvo, para que no este muy dulce . Lamento que mi vida en USA desde 1972 me haya impedido compartir otros momentos con el y con todos ustedes.

Goldie Nijensohn

Experiencia de Jerry

Bueno asi era jacobo…..hace muchos años en un sabatico Jaquie (asi le llamamos), decidio irse a la india y al tibet, vino a mi consultorio y me aviso que se iba 1 año……
Sin saber nada de el a los 8 meses aprox… me empezaron a entrar llamadas telefonicas por cobrar a las 5 am… :This is India i have a colect call for Mr. G. grinberg, inmediatamente aceptaba las llamadas pero como el sistema telefonico mundial era muy precario no lograba mas que oir su voz, la de Jaquie por un instante y se cortaba.
Asi pasaron varias noches y finalmente desvelado y con angustia y sin saber que hacer, en una comida en casa de mis padres en domingo, decidimos marcarle a la embajada de Mexico en India y adivinen quien contesto. En un estado por demas precario sin dinero ni boleto de regreso , Jacobo se encontraba atrapado y refugiado en dicha embajada…. AL otro dia temprano , asisti con el embajador de India en Mexico y le entregue personalmente dinero y el boleto de regreso. este hombre honrado y preocupado le hizo llegar ambas cosas por correo diplomatico y asi tuvimos a jacobo de regreso… esta es solo una pequeña anecdota de los multicolores pasajes de la vida ilustre de un hermano.

Jerry Grinberg