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Ola de Metal

Olas de MetalOLA DE METAL

Ciudad, Túnel, Humo. Parte 4

Visión de negocios es lo que se necesita para convertir una zona industrial y abandonada en el nuevo corazón de la ciudad. Ahora puedes caminar o andar en bici por la extinta vía del tren mientras se ven centros comerciales, desarrollos inmobiliarios, un teatro, cines, un acuario y sobre todo el museo.

Lo más importante del gigantesco cilindro metálico no son las obras que alberga, que cuida, que presume, no. Lo mejor es que te muestra el futuro.

Nuestras ciudades serán gobernadas por las empresas, ellas te pagarán y te venderán todo lo que necesites.

Entrarás a la Edad Media Corporativa en la cual los ciudadanos seremos “asociados”, esa nueva forma de llamar a los esclavos.

El edificio del museo lo anuncia. Desde el ángulo que lo he fotografiado no queda ninguna duda: el mar será del tamaño de nuestras cadenas, las olas serán de metal y tus sueños se exhibirán en las salas interiores, todos verán lo que podrías haber vivido.

Ya tenemos aquí a la ciudad del futuro.

 

 

 

 

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Sólo del presente

Sólo del Presente

Hoy voy a escribir sólo del presente. Estoy decidido después de pasarme días haciendo planes para el futuro y otros tantos recordando y escribiendo el pasado. Pero de pronto surge la primera pregunta ¿Acaso existe el presente?

Tu lees esto horas, días o meses después de que lo escribo y hasta yo al teclearlo y releerlo estoy mirando el pasado en la pantalla.

Pero igualmente ¿Existe el pasado o solamente las huellas de su movimiento?

Es decir: nada es igual a lo que era ni siquiera tu o yo. Quedan solo recuerdos reales, digitales, cerebrales…

Además ¿Acaso existe el futuro? Tenemos nuestros planes, nuestra agenda, nuestro horario, pero quién puede jurar que se cumplirán. Uno de mis mejores y más fatalistas maestros decía: “Nadie sabe si en este momento se esta encendiendo el coche que en unos instantes se estrellará contra nosotros” (Se llama Guillermo Arriaga y con el tiempo escribió varias películas alrededor de esta optimista idea)

Entonces, si los tiempos no existen, menos aún existe el tiempo o al menos no como creemos.

Si yo escribo lo que me paso hace unos años, no estoy escribiendo sobre el que era si no sobre el que soy.

Si hago planes para el futuro, solo tengo lo que he sido y soy para visualizarme en los tiempos que vendrán. Ni tu ni yo sabemos el resultado de la lotería de mañana, si tuviéramos tan solo ese insignificante fragmento de información de todo lo que va a ocurrir mañana, te apuesto que nuestros planes cambiarían.

Pero bueno, vamos a suponer que tengo alguna idea de lo que es el tiempo, aunque sea como decir cada mañana que esta saliendo el sol aunque sea la tierra la que se mueve.

Ahora si y luego de este preámbulo voy a escribir del presente.

Es de mañana esta nublado, los niños en la escuela, Mery en el trabajo, el teléfono no suena, tengo mucho que hacer, tanto que escribo esto que solo suma más cosas por hacer en menos tiempo. Empiezo a escribir y no puedo parar, nunca se si terminará en Yosomos, solo se que necesito escribirlo.

Quiero volver a México, a esa “Ciudad, deshecha, gris,  monstruosa” de José Emilio Pacheco al cual le darán hoy su más que merecido Premio Cervantes. Sus “Batallas en el Desierto” viajan conmigo. El terreno baldío de la Colonia Roma es siempre también el Sinaí y la mamá de mi amigo de la primaria es todas las mujeres que deseo.

-¿A qué vuelves? Me preguntan desde mi país.

– Pasamos del mal gobierno al no gobierno y las cosas no pintan bien.

Hasta Pacheco en un tono cómico amargo llama a la antes tranquila Cuernavaca “Ciudad de la Eterna Balacera.”

Mi desierto, mi llanura y hasta mi paisaje manchego están paradójicamente en México, soy un incurable adicto a su incertidumbre.

He caído en mi propia trampa ya estoy escribiendo del futuro.

Volvamos a empezar.

Es de mañana esta nublado, los niños en la escuela, yo escribo, los coches pasan, la ropa colgada se seca, el cartero toca el timbre, los pequeños de la escuela de al lado cruzan por el paso peatonal agarrados a una cuerda, la terraza del bar de abajo se llena de las mismas personas de todos los días,  Gerard en Skype desde China se subirá a un avión, no sabe si aterrizará en Europa, depende del volcán, llamada de Oded desde Israel, pregunta de Yosomos, le cuento que Amit Goswami acepto una entrevista, le pido que me ayude a pensar en las preguntas, se alegra, lo llaman, cuelga, sigo escribiendo, me dan ganas de prender un cigarro, me aguanto, escribo, pienso en los planes, en los talleres, en el espectáculo, en el dinero que me deben, en el que debo yo, mejor sigo escribiendo, pasa un pájaro ¿Porqué solo cantan en la madrugada? Llama un cliente, se equivoco con el número de teléfono de su blog de bonsáis que le ayude a publicar ayer, le explico como cambiarlo, no me entiende, pierdo tanto tiempo explicando sin éxito que me ofrezco a cambiarlo yo, escribo de nuevo esto que lees, otra llamada, es Mery le dijo a su Mamá que vive aquí que quizá nos regresamos a México, lagrimas, vuelve a llamar mi cliente del blog de bonsáis , me acuerdo que no he corregido el blog por estar escribiendo esto, mejor, aprendió a hacerlo solo, precisamente de eso se trataba, pienso que a veces lo mejor para ayudar a alguien es no ayudarlo tanto, escribo de nuevo, pienso en lo feliz que me hace escribir esto, así me olvido del miedo a la incertidumbre de la que soy adicto, para describir como me siento de pronto solo se me ocurre algo en Yiddish, le dicen Kvetch, una intraducible palabra que aproximadamente quiere decir: retortijón en el estomago mezclado con ansiedad y nervios. Respiro, le pido al kvetch que se vaya, escribo en lugar de meditar o decir un mantra y lo ahuyento momentáneamente, quiero revisar algo del libro de Pacheco lo busco en mi librero, no lo encuentro, al mover algo comienzan a caer piedritas al suelo, es el domino de mi papá que esta dentro de una caja en forma de libro que dice Algebra Elemental, no son piedritas son piezas, las recojo entre los libros, falta una, muevo el pesado librero, encuentro el dos uno, a lo mejor es el resultado de la lotería, pero faltan cinco números más, se me olvida para qué buscaba el libro, regreso a escribir

Me detengo de pronto

Es definitivo, el presente esta hueco, solo el futuro y el pasado pueden llenarlo.

© David Grinberg Preciado. Abril de 2010