Archivo de la categoría: Cuaderno de Notas. (Relatos)

Las mejores historias de Yosomos.

Instante Cósmico

A poco más de una semana del segundo 19 de septiembre y desde un país en luto desde el sur hasta el centro, las preguntas y las reflexiones se multiplican en mi cabeza.

Lo primero es asumir que hay acontecimientos que escapan a cualquier previsión, a cualquier intento por anticipar y que en nada dependen de nosotros. Los terremotos nos hacen saber lo vulnerables que somos, se burlan de nuestra soberbia.

Lo segundo y más importante es que en nosotros esta convertir la realidad que se nos presenta, por más dolorosa que sea, en amor, en fe y en colaboración.

Formamos y al mismo tiempo somos la cadena que ayuda. La voluntad y la intención de cada eslabón contiene a toda la organización y es por eso que no necesitamos a ninguna autoridad que nos de instrucciones. Somos ayuda auto gestionada porque somos la ayuda en si misma.

Si colaboráramos de forma directa con los otros estoy seguro que tendríamos una sociedad completamente distinta, pero nos hemos malacostumbrado a dejar que sean instituciones las que se encarguen, construyendo la ilusión de que las cosas de los otros no son asunto nuestro. (Es más fácil controlar a un pueblo dividido y si encima ignora su poder…)

Pero no quiero hablar de las autoridades, quiero hacer constar que la separación entre nosotros es una ilusión y la solidaridad es el pegamento natural que tanto nos hace falta en estos y todos los días.

Nuestro cuerpo y nuestra mente no están separados, tu y yo no estamos separados, los elementos que nos conforman y en dónde existimos tampoco están afuera de nosotros.

Parece que las placas del subsuelo siguen vibrando para recordarnos que pertenecemos a la tierra, estamos hechos de sus elementos traídos de las estrellas y estamos aquí tan solo por un instante cósmico.

Cuento Cibeles

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Ola de Metal

Olas de MetalOLA DE METAL

Ciudad, Túnel, Humo. Parte 4

Visión de negocios es lo que se necesita para convertir una zona industrial y abandonada en el nuevo corazón de la ciudad. Ahora puedes caminar o andar en bici por la extinta vía del tren mientras se ven centros comerciales, desarrollos inmobiliarios, un teatro, cines, un acuario y sobre todo el museo.

Lo más importante del gigantesco cilindro metálico no son las obras que alberga, que cuida, que presume, no. Lo mejor es que te muestra el futuro.

Nuestras ciudades serán gobernadas por las empresas, ellas te pagarán y te venderán todo lo que necesites.

Entrarás a la Edad Media Corporativa en la cual los ciudadanos seremos “asociados”, esa nueva forma de llamar a los esclavos.

El edificio del museo lo anuncia. Desde el ángulo que lo he fotografiado no queda ninguna duda: el mar será del tamaño de nuestras cadenas, las olas serán de metal y tus sueños se exhibirán en las salas interiores, todos verán lo que podrías haber vivido.

Ya tenemos aquí a la ciudad del futuro.

 

 

 

 

Globos y Púas.

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Durante decenas de años, desde los polvorientos ochentas mexicanos y europeos, hasta el trágico final del 2016 estadounidense, cultivamos ideas de integración, de comunicación libre, fluida, gratuita y global.

No lo hemos sabido aprovechar, los flujos de dinero no han creado bienestar y la idea de un mundo en paz se pretende diluir mientras se dilapidan valiosos recursos naturales.

Hoy México puede ser el corazón de América, con su inevitable cercanía a Canadá y a Estados Unidos, pero sobre todo con los vasos que lo comunican al sur y al Caribe.

No es imitando, ni estando en la cola de los procesos de producción como maquiladores que lo lograremos. Es produciendo ideas y productos originales. Debemos entrar de nuevo al río del que nos sacaron, porque algunos pensaban que nuestro lugar estaba más al norte.

Globalización no es ser el principal proveedor de un solo país. Y de hecho, globalización es mucho más que un mercado abierto. Tiene que ver sobre todo con la cooperación, con la suscripción  y cumplimiento de acuerdos internacionales que velan por los derechos humanos y la democracia.

Y si las puas británicas pinchan a Europa, y las de Trump a America. México no debe bajarse del globo, al contrario, su labor esta en seguir inflando con aire renovador el mundo interconectado que no dejará de estarlo por más muros o rejas que se construyan.

Eso si, mirando paralelamente hacia dentro para comprender de una vez por todas que sin justicia, verdad e igualdad, de nada sirven los globos y mucho menos las puas.

¿Y si despertamos?

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Tendedero Dark. Ciudad, Túnel Humo. Parte 3

No es una foto en blanco y negro, toda su ropa era negra y no puedo saber más. Claro de que la ropa interior, me confirma que la dueña es una mujer.

Entonces la dueña es dark o quizá es vampiresa o será que por casualidad que esta vez todo es negro, como para no mezclar los colores en la lavadora.

Imposible de saber, es más no quiero saber. Mejor imaginar…

Es la Calle Praga de la Zona Rosa de la Ciudad de México, a unos metros hay una iglesia gótica hermosa, pero completamente fuera de lugar, esos dos datos me inspiran a escribir la siguiente hipótesis:

Hace varios siglos en la sinagoga de la Ciudad de Praga, un rabino desesperado destruía un monstruo gigante de arcilla, borrando la letra Aleph de su frente. Lo que nunca supo el desesperado religioso, fue que El Golem, antes de volverse enorme y comenzar a destruir todo, estuvo enamorado.

Pero ¿De quién se puede enamorar un gigante de tierra?

De una gárgola de la catedral de San Vito en Praga, relación que por supuesto se mantuvo en secreto hasta ahora, porque cada uno tenía una religión diferente.

La gárgola quedó embarazada, dando a luz a mellizos, hombre y mujer de los cuales no hay ningún registro de su apariencia física, pues vivieron en la clandestina oscuridad, criados lejos de todos los ojos. Inevitablemente vino el incesto y con las décadas la reproducción de la familia.

Cada generación era más espantosa que la anterior, siempre escondidos en los sótanos de San Vito.

Hasta que el año pasado, Lucrecia la menor y más espantosa monstruosidad, decidió escaparse. Al salir, de los sótanos y al notar el terror que causaba en los visitantes, decidió refugiarse en una tienda de marionetas próxima a la catedral. Se metió a un escaparate y se mezcló con la mercancía imitándola.

Pocos minutos después, una pareja  de mexicanos turistas, se asomaron a la vitrina, quedaron fascinados con la “marioneta”, preguntaron en la caja el precio, pagaron, les preguntaron si querían una envoltura, respondieron que no, que ellos la tomaban y se la llevaban. Todos de acuerdo.

El matrimonio mexicano estaba tan emocionado con su compra que ni siquiera pensaron en que no tenía cuerdas.

El avión fue incómodo, pero el depósito de equipaje era menos frío y menos oscuro que dónde había crecido. Ya en México, el taxi los dejo en el departamento de la Calle de Praga. Al abrir las maletas Lucrecia comenzó a hablar. Después del desmayo doble el matrimonio logro comunicarse gracias a un traductor de Checo que se descargaron de internet.

Lucrecia podía quedarse sin salir nunca a la calle, para no matar del susto a nadie. Ella acepto encantada, todo era mejor que su apestoso escondite. Le mostraron su habitación y su anfitriona se ofreció a lavar su ropa, mientras tanto le prestarian una pijama.

Lucrecia se puso la pijama y se metió por primera vez a una cama, puso su cabeza en la almohada y durmió instantáneamente.

La cuerda que cuelga de la ventana del departamento del primer piso, se fue llenando de prendas negras, aprovechando el sol de la resplandeciente mañana.

 

 

Historia de Jánuca

Llegamos a San Cristóbal de las Casas Chiapas, en diciembre de 2011, justo el día en que se enciende la quinta de las 8 velas de la fiesta de Jánuca. En el centro de la ciudad, increíblemente, se había colocado un candelabro conmemorativo y un rabino bastante desorientado se disponía a encender las cinco velas, una por cada día que llevaba la festividad. Mis hijos que en aquel entonces tenían 7 y 11 años se acercaron felices al festejo.

Mientras el rabino repartía los panes dulces típicos de Jánuca (Sufganiot) y al escuchar que le hablaba en hebreo, me pidió que le ayudara a traducir unas palabras. Así que frente a un pequeño grupo de personas que pasaban de casualidad por la plaza, me puse a hablar de la fiesta de la luz y su misión de iluminar a toda la humanidad.

Nos despedimos y comenzamos a caminar por la hermosa y fría ciudad de San Cristobal. En sentido contrario al nuestro, una pareja de israelíes, venía con una niña pequeña, hablando en hebreo, así que aproveche para desearles una feliz Jánuca. Por supuesto iniciamos una conversación que nos llevó a que nos recomendaran conocer un lugar llamado Tzahala. Nos despedimos y cada familia siguió con su paseo.

Al otro día fuimos a un improvisado cine zapatista que opera en la ciudad de manera muy original. Uno renta una película y se mete a un cuarto en dónde hay una tele para verla. Nosotros cuatro habíamos escogido un documental del movimiento zapatista para niños y teníamos seis lugares en la sala. Cuando estábamos a punto de entrar a nuestra película, llego una pareja buscando ver algo. Ya que todas las salas estaban ocupadas, los invitamos a que nos acompañaran, sin embargo no se animaron.

Se acabo la cinta y de nuevo fuimos a pasear por San Cristobal para buscar algo para cenar. En el camino nos encontramos de nuevo con la pareja del cine. Nos quedamos hablando con ellos y Mery mi esposa les pidió que le recomendaran una comuna en la selva, algún lugar seguro para los niños. La pareja no lo dudo, nos recomendaron nuevamente Tzahala y nos dieron todas las indicaciones para llegar.

Al otro día salimos a la búsqueda de la ya famosa Tzahala, llevando con nosotros un poco de ropa por si decidíamos quedarnos a dormir. Emprendimos el camino a Ocosingo y a la media hora de camino, mi hijo Gad de entonces 7 años nos preguntó si llevamos la Janukiá, el candelabro de la fiesta,  para encender la octava y última vela de Jánuca. Mery y yo nos quedamos mirando y le dijimos lo que pensábamos era una mentira piadosa.

– Se nos olvido, pero seguramente ahí encontraremos alguna.

Una hora después y siguiendo las ambiguas instrucciones que nos había dado la pareja, pasamos un basurero, dos curvas más y nos orillamos. Baje la ventanilla del coche y le pregunte a una mujer:

-¿Conoces a Silvane?

– Soy yo.

Me contestó.

Más tarde nos enteraríamos que Silvane llevaba semanas de no acercarse a la carretera, nos recomendó un lugar para dejar el coche, bajamos nuestras cosas y la seguimos por un pequeño sendero que continuaba aproximadamente un kilometro adentrándose en la selva.

Llegamos a la comuna y al entrar una familia se despidió de Silvane. Entonces ella nos dijo:

-Si quieren se pueden quedar en  cabaña que acaban de dejar, justo cabe una pareja y dos niños.

Felices pasamos el día conociendo el paradisiaco lugar, ayudamos a cosechar café y nos bañamos en el río.

Al llegar la noche fuimos a preparar la cena al comedor comunitario. Mientras cocinábamos y charlábamos, Gad encontró un pequeño espiral y preguntó:

– ¿Qué es esto?

Silvane nos contó que hace 8 días vino una pareja de israelíes con un niño pequeño y construyeron ese candelabro en forma de espiral para la fiesta de Jánuca.

Emocionados prendimos las ocho velas del último día de la fiesta, la noche en que según la tradición, el candelabro arroja más luz para la humanidad.

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Ciudad, Túnel, Humo. Parte 2

Salieron vestidos de ropas multicolores, tocando sus tambores y sus instrumentos mientras cantaban con enorme orgullo a Krishna rodeados del humo del incienso, por las calles de la Colonia San Miguel Chapultepec.

Ella iba al centro del grupo, su pelo negro y chino cubierto por una mascada naranja y sus ojos verdes. Bailaba en medio de todos a pesar de haber llegado al Ashram de los Are Krishna hace apenas una semana.

De niña sus padres la llevaban a aprender de  Guru May en la Condesa, los veranos se pasaban en de retiro en el Estado de Nueva York, haciendo trabajos comunitarios. Un par de viajes a India después y la alegría de dar ya viajaba por su interior.

Más tarde en la secundaria dejo a su Guru para unirse a un rabino de Lubavitch que había conocido en Polanco a la salida de su escuela, un gordo pelirrojo y simpatico que de no haber sido estudioso de la Torah,  sin duda encabezaría a una compañía de clowns. El Rabino le dio un camino y cosas que hacer desde que abría los ojos muy temprano, hasta que los cerraba en la noche y los sábados eran un banquete de historias que pasaban de generación en generación, siempre con una moraleja, un mensaje aplicable a  la vida.

Justo antes de terminar el colegio conoció el amor por alguien en concreto de la manera menos espiritual, el joven del que se enamoro estaba continuamente hasta arriba, siempre intoxicado. Salian de martes a sábado de un bar al otro, sin ofrecerle nada más que diversión. Ella había aceptado poniendo de lado el amor universal, rendida a todo placer y sin poner el más mínimo pero.

Hasta esa mañana de hace una semana en la que si bien no recordaba cómo había llegado hasta ahí, ni en qué momento se acurruco en un cartón bajo el techo de la panadería del Metro Juanacatlán, si recordaba el instante en que sintió su cuerpo demasiado estimulado desde afuera y su alma como una fosa de clavados sin agua.

Amanecía y pasaron con incienso y panderos, no la invitaron a seguirlos, ella se quito los zapatos y los persiguió hasta el Templo Are Krishna de la calle Tiburcio Montiel.

Canto, bailo y un hombre rapado y con una enorme barba blanca le hablo del Atma, el alma, la conciencia inmaterial que baña la existencia humana y la conecta con el infinito.

Así que hoy festejaba a Krishna moviendo la cabeza, sintiendo los resortes de su pelo negro rozando su cara por última vez.

Ciudad, Túnel, Humo. Parte 1

 

La entrada estaba repleta de puestos que hacían cada vez más estrecho el pasillo, además los techos de plástico bajaban lentamente empujados por el peso de la lluvia que caía  a cantaros haciendo bailar a unos abultados globos de agua sobre nuestras cabezas.

Entre más nos acercábamos al acceso, la multitud crecía llegando de otras decenas de pasillos y convergiendo en el nuestro, obligándonos a ir cada vez más lento.
Nuestro paso era ya de tortuga y el agua comenzaba a filtrarse por los lados de los improvisados techos.

El primer chapuzón cayó directamente sobre nuestros pies mojando desde los zapatos hasta el cinturón.

El segundo tuvo un mejor tino directo a nuestras cabezas para terminar de bañarnos con un agua fría y pegajosa.

La fila seguía sin moverse, mientras que los vendedores ambulantes subían el volumen de sus aparatos y de sus gritos. Se escuchaba simultáneamente una cumbia, el audio de una película porno, un regetón, la oferta de 2 chocolates por cinco pesos, la banda sonora de Rápido y Furioso y el llanto de una bebé de meses.

Así pasó media hora sin poder avanzar ni un solo paso, mi garganta comenzó a arder por un resfriado comenzando sin remedio.

Entonces sucedió. Sin entender cómo ni por qué, la multitud comenzó a caminar hacia atrás como una película corriendo al revés.

In Memoriam Nacho Padilla

Sábado en la madrugada y voy en el coche por mi hijo a una fiesta. El camino desde la funeraria de la calle Felix Cuevas hasta Interlomas es largo y lluvioso.

La noche de ayer, 24  horas antes, un amigo de lentes que amplificaban su continua sorpresa por todo lo que le daba la vida, también conducía de noche y con lluvia para recoger a su hija de una fiesta. Quizá también pensaba que es mejor ir por los hijos que dejar que regresen con alguno de sus compañeros. Menos riesgos sin duda. Lo imagino escuchando el audio libro del Quijote, que tantas veces se había reproducido en sus semanales idas y venidas de Queretaro a la Ciudad de México.

Amigo y compañero de generación, colega de trabajo, en la Universidad Iberoamericana, la Ibero de donde salen sueños convertidos en realidad. Pareja de grandes amigas, padre de contemporáneos de mis hijos, ese era también Nacho.

Conocedor de los mejores BookTubers, aficionado a las series de TV, a la ciencia ficción, a los monstruos, amigo de amigos como Pablo Raphael y César Callejas, paralelo a nosotros en historia de vida, ese era también Nacho.

Antes, en la mañana paso por un televisor sin sonido y veo a Nacho en video, pienso que ha ganado otro premio (Siempre ganaba todos) o lanzado un nuevo libro, me alegro por él. No escucho, así que adivino. Hasta que ponen su nombre en grande y debajo un 1968 a 2016, entonces, después de segundos de incredulidad, comprendo que  ya no necesito adivinar porqué aparece en la tele y me acerco a centímetros de la pantalla, como pidiendo que no sea cierto y me petrifico.

Quizá escuchaba la lectura de Cervantes cuando un accidente múltiple termino con su fugaz paso por el mundo, dejandole tiempo para llamar a su hija, para decir: no puedo ir por ti, disculpa, tuve un problema. Ese también era Nacho.

Yo cruzo la ciudad sin contratiempos, mi hijo sube al coche y llegamos a la casa de Cuajimalpa agradeciendo cada segundo.

En el desorden de mi librero se asoma un pequeño libro, de los primeros de Ignacio Padilla, “La Catedral de los Ahogados”, en la primera página, una dedicatoria, un dibujo:

Dedica Nacho P

Ese también fue y para mi seguirá siendo Nacho.

Nota periodística.

 

Patch Adams y la Revolución del Amor

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Payasos en la Universidad Iberoamericana (Me incluyo aunque sin nariz roja)

Día soleado en el poniente de la Ciudad de México y especialmente luminoso en el auditorio principal de la Universidad Iberoamericana.

Mientras los asistentes esperábamos de cara al sol para ver a Patch Adams, los asientos eran tomados por payasos, por amorosos seres que se han unido a una causa que nada tiene de complaciente, al contrario, se trata de tomar las injusticias y el sufrimiento de la humanidad y transformarlo en alegría.

Patch Adams hijo de un militar estadounidense y criado en bases del ejercito por todo el mundo, nos cuenta que a los 17 años intentó quitarse la vida en tres ocasiones. Se había dado cuenta que la democracia, la religión la ley y todo en lo que estaba basada su sociedad eran una mentira.

Afortunadamente no es muy bueno suicidándose y lo que decidió a partir de ese tercer intento fallido por matarse, fue ser feliz todos los días por convicción, por decisión.

Estudio medicina como forma de ayudar a los demás. En la carrera se dio cuenta que ninguna profesor enseñaba compasión y que el sistema médico de su país es un negocio por el que cientos de miles pierden sus casas cada año.

Mientras que los médicos al desahuciar a un paciente, simplemente pasaban al siguiente, Patch los abrazaba y los hacía reír.

Una alumna de Psicología le pidió un consejo para poder sobrellevar el dolor que sentía cada vez que visitaba a niños enfermos. Patch responde: “solamente piensa que es un niño y está vivo, todo lo demás no tiene importancia”

De acuerdo con Patch, no importa si al que se visita es un niño con una enfermedad terminal o un condenado a la pena de muerte, si está vivo es suficiente para influir, transformar, cambiar, trascender. La enfermedad es circunstancia ,de todos modos,  ninguno de nosotros sabe si estará aquí mañana.

Patch Adams postula que dado que la sociedad está enferma y los gobiernos promueven la violencia en todas partes del mundo, lo que habría que hacer es curar a la sociedad y de esa forma aliviar la salud mental de los seres humanos y no solo lo postula, si no que lo lleva a la practica cada minuto, de cada día de su vida.

Gran día para mi. Pocas veces se tiene la oportunidad de conocer a alguien que ha cambiado al mundo para siempre.

Patch Adams
Patch Adams

 

 

 

 

2015 Año Fundador

Entramos al último mes del año con temperaturas que bajan muy de repente en la Ciudad de México.

En la Universidad Iberoamericana me pidieron actualizar mi información y en medio del escaneo de papeles y subida de archivos me puse a pensar en las muchas cosas que están sucediendo en los últimos meses.

Entre ellas hay tres, muy diferentes entre si que me encantan.

La primera es comenzar a colaborar con Oded Lida cofundador de esté blog y experto en tecnología digital. Me llena de emoción poder aportar y aprender de su increíble experiencia.

La segunda es continuar dando clases en la Ibero a una nueva generación de jóvenes más conscientes de la importancia de su aportación en la construcción de una realidad que debe alejarse a toda velocidad del contexto actual tanto del país como del mundo. Constatar como los medios de comunicación se vuelven cada día más nuestros. Ver claramente que estamos dejando atrás a las corporaciones y gobiernos que mediaban entre la información y los receptores. Los medios digitales son las herramientas facilitadoras de esté proceso.

La tercera es la oportunidad de convertirme en cuenta cuentos para los hospitales del seguro social. Poder emprender viajes a las tierras misteriosas de la literatura para dibujar sonrisas en adultos y niños enfermos es también un regalo maravilloso para mi.

Por cierto, vuelve a nevar en WordPress.

Hasta aquí las novedades queridos lectores. Les dejo abrazos para todos y una foto del paraíso, un mural sinagoga histórica del centro de la ciudad.

Paraiso