Pe y el Pacto

Pe y el Pacto

(Personaje 4ª parte)

Al abrir tus ojos querido Pe alcanzas a percibir el sol colándose por la ventana a través de las hojas del árbol de aguacate que escala hasta tu cuarto. Todavía no puedes distinguir las formas pero tus retinas sienten la luz y el azul con el que están pintadas todas las paredes.

Aunque te sientes bien en tu casa, lloras pidiendo comida, tu mamá llega rápidamente para darte la botella con la formula de un conocido laboratorio internacional. Sobre sus piernas disfrutas el liquido caliente y esperas tu canción en francés -quizás hoy toca la de la pequeña marioneta que es tu preferida – pero a cambio de eso sientes lagrimas saladas que caen justo en el chupón de la botella mezclándose con la formula.

Tu mamá no canta. Hoy llora y te lleva con ella al piso de abajo en dónde escuchas ruidos de mesas y sillas moviéndose, de platos lavándose y a tu abuela Alice dando ordenes a tres cocineras, mientras con su dedo índice pone una kibe tras otra en una charola de la cual son llevadas al aceite hirviendo.

Pssssssss, suena cada vez que una kibe es sumergida.

Brrrrrr cada vez que prenden la licuadora con litros y litros de tajine y jumus.

Tu papá te besa mientras promete no tardarse en el frontenis, estará a tiempo para su quinta vez.

Huele a café turco y es el momento de desayunar roscas con mermelada de naranja hecha en casa.

Te acabas la botella y te abrigan aún más para llevarte al jardín.

Mientras desayunan las dos mujeres, tu escuchas a los pájaros que comparten tu aire y tu espacio.

Eructas al fin. Te cambian los pañales de tela y te vuelves a dormir.

Sueñas con el mar, las pequeñas gotas de lagrimas te llevan a la costa que aún no conoces y comienzas a flotar en el agua mecido por pequeñas olas, que se convierten en la ligera corriente de un río, aparece un palacio y una mujer desconocida te recoge en sus brazos.

–       En Egipto hacíamos los Brit Mila en la sinagoga más grande y hermosa de Alejandría, toda la comunidad venía con regalos a conocer al nuevo varón y a felicitar a los orgullosos padres. Dice tu abuela.

–       Es mejor en la casa. Dice tu madre – Así no se enfría el niño.

–       Pero en la sinagoga hay una silla gigante en donde se sienta el padrino.

–       Aquí hay otras costumbres, la circuncisión se hará sobre un cojín en la mesa.

–       No importa. Felicidades ya tienes tu primer hombre, estas cumpliendo el compromiso con tu pueblo y con tu familia. Voy a ver que no se les queme la comida.

Sueñas con escaleras que suben al cielo, con ángeles que pelean, con pirámides y sobre todo con el desierto. Sueñas con luces de aceite, con vino y con pan salpicado de sal.

Te despierta el ruido de una multitud que pronuncia al unísono las bendiciones.

Tu papá te toma de los brazos de tu mamá que se queda alejada de todo. Sientes que la hora esta cerca mientras atraviesas a todos los que ahora cantan con alegría.

Te ponen en la almohada y el Rabino Filer pronuncia las bendiciones mientras te da con su dedo unas gotas de vino.

Entonces sientes el bisturi en la punta del pene, duele, gritas, sangras y pierdes el sentido.

Cierras los ojos para soñar con persecuciones, incendios y guerras, has sido marcado para siempre igual que tus hermanos, tu padre, tu abuelo, tu bisabuelo y todos los varones de generaciones anteriores.

Tu padre Abraham llego a tiempo del deportivo para cumplir por quinta vez con el pacto de Abraham.

Tu mamá te toma de nuevo en sus brazos y mientras todos comen las delicias de tu abuela, te bebes entre sueños la formula suiza mezclada ahora también con tus lagrimas.

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