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Más Allá del Yo

El sentimiento contrario al amor no es el odio como se piensa. El sentimiento contrario al amor es el miedo. Precisamente el miedo que nos paraliza frente a las injusticias,  que nos congela en nuestra zona de confort, que nos dice al oído que nada va a cambiar y sobre todo, que nos aísla. El miedo se combate compensando , como en una balanza, con su contrario, con el amor.

La buena noticia es que podemos hacer crecer nuestra capacidad amatoria con diversas técnicas entre las que destaca la atención plena y la meditación.

Se vence al miedo, a ese gran enemigo con la respiración, con la plena conciencia de nuestro cuerpo, nuestro ser y sobre todo de nuestra presencia.

Nuestra especie ha vencido el miedo a lo desconocido y gracias a eso hemos bajado de los arboles, salido de las cuevas, manejado el fuego y vencido miles de desafíos hasta llegar a dónde estamos.  Se dice que el motor es el odio y la guerra, cuando en realidad siempre ha sido el amor, por la vida y por los nuestros, el que nos impulsa.

Albert Einstein, probablemente el genio más grande de todos los tiempos decía:

Un ser humano se siente a si mismo como algo separado del resto; esto es una ilusión es como una prisión, nos limita a nuestros deseos personales y a tener afecto por unas pocas personas cercanas.

Es necesario liberarnos de esta prisión, ensanchando el circulo de nuestra compasión para incluir a todo lo viviente y a la naturaleza entera.

Y tenía razón. Hoy sabemos que ante el peligro, por ejemplo de una pandemia, o nos salvamos todos o simplemente, no nos salvamos.

Estamos interconectados a nivel corporal cómo organismos vivos que somos pero también a nivel mental.

Hoy más que nunca necesitamos ser consientes de esto ya que no somos los primeros en descubrirlo.

Hay corporaciones, partidos políticos y gobiernos que acceden a la red de interconexión que existe entre todos nosotros para manipularnos. Así logran vendernos, productos y servicios inútiles y encima políticos tóxicos.

La mente colectiva puede ser intervenida.  Ya lo fue de hecho, con el plebiscito del Brexit y con las elecciones del 2016 en Estados Unidos. Todo de la mano de nuestras  aparentemente inofensivas redes sociales.

Necesitamos entender que las fronteras individuales de nuestra mente son imaginarias y comenzar a construir verdaderas redes de amor, usando las autopistas de la conciencia universal que siempre han estado ahí.

El yo es una idea decía Jacobo Grinberg Z en su ultimo libro publicado, si esto es verdad, considero entonces que el “yo colectivo” , el “yosomos” como lo he bautizado, es real.

Les dejo una meditación:

¿ En dónde somos?

Ponte en un lugar cómodo y sentado en postura de meditación o en una silla, en cualquier caso con la espalda recta.

Cierra los ojos y respira profundamente

Mírate meditar, y a continuación visualiza al yo que te ve meditar, para después mirar al yo que ve meditar al yo que te ve meditar…

Sigue así como si tu ser fuera una matrioshka, una muñeca rusa que dentro contiene a otro muñeca, que dentro contiene a otra muñeca.

Y si algún pensamiento se atraviesa, observa y regresa a tu respiración y de ahí a la visualización.

Cuando así lo decidas pon tu atención en tu respiración, disfrutando cada bocanada de aire, quédate así todo el tiempo que quieras antes de abrir los ojos.

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Túnel y Pandemia.

Saliendo de un largo túnel esas fueron las primeras palabras que a través de un pequeño pizarrón borrable me comunicó Swami Ramashwarananda Guiri Maharaj cuando hace 10 años nos recibió en su casa de Puzol  Valencia. Frase muy extraña cuando uno espera un encantado o un mucho gusto, pero tenía razón. Yo recién salía de un luto por un hermano desaparecido.

Continuó escribiendo en su pizarra infantil ya que estaba en un voto de silencio: “Vienen tiempos difíciles y entre más seamos, mejor”.  Cuando lo dijo supe que sería verdad.

Leemos las noticias de España y nos conmocionamos. Vemos lo que sucede en México y lo que se nos vaticina y nos estremecemos. Leemos acerca de lo que sucede en el mundo entero, lo que nos espera y nos sentimos superados.

Nos encerramos en casa esperando que alguien controle la situación allá afuera. Sin remedio nos desilusionamos mientras los afectados sufren lo indescriptible, los médicos  y las enfermeras entregan el alma y los planes de millones de personas se hacen pedazos.

Incertidumbre arrasando con toda nuestra seguridad, nuestras organizaciones y la forma en la que pensábamos que el mundo se regía y se conducía.

Honestamente no sabemos cuánto tiempo más vamos a estar en cuarentena y tampoco tenemos claro, que eso vaya a salvarnos de las consecuencias del esparcimiento del Covid-19.

Me queda claro que estos son los tiempos difíciles que por cierto apenas comienzan.

Pero. ¿Quiénes somos los que necesitamos ser más?

La respuesta ante un panorama tan poco claro, cambiante e incierto es la fe, los que tenemos fe.

Y no me refiero a alguna de las religiones que podemos seguir  o no.

Hablo de una fe que nos hace saber qué de cierta forma, encontraremos la manera, no solo de parar a la enfermedad, si no, incluso de salir fortalecidos.

Habrá una luz  al final del túnel al que entramos de golpe todos y desde cualquier parte de la tierra.

No soy matemático, tampoco pesimista, pero si la propagación del virus es exponencial, tendríamos que reducir a números cercanos a cero los contagios. No creo que eso nos tome menos de un año. Y la vacuna dicen los optimistas no llegará antes de 18 meses.

¿Cómo es que puedo hablar de fe entonces?

De fe se habla cuando la objetividad solo da muy malas noticias, pero la esperanza nos empuja a resolver, con la certeza de que, de algún modo, todos juntos saldremos adelante.

Enormes abrazos a todos y mis mejores deseos desde la Ciudad de México

PD: A continuación la liga a la entrada de la que hablo: https://wp.me/pzaQa-7x