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2022 o El Año Que Nos Volvimos Híbridos

Con enorme emoción cuento los días para regresar a ser un profesor presencial, a ver caras y cuerpos completos, a dejar de lado los entornos virtuales, a poder decir: apaguen sus teléfonos y guárdenlos junto con sus computadoras y tabletas en sus mochilas.

Se acerca el momento en el que solamente estaremos en un solo lugar, concentrados en lo que decimos, en lo que dice el otro, en las ideas que surgen del debate y la atención profunda.

La oportunidad de comer algo y tomarnos un café con los colegas, de reencontrar a los que han sido parte de nuestra vida profesional y hasta sí se puede, jugar una partida de dominó entre las clases.

Pasar el día enseñando, estudiando, charlando y hasta meditando, en medio de los jardines con algunos alumnos y profesores.

Como habrán adivinado la realidad es completamente distinta.

Los tapabocas obligatorios nos dejan sin saber muy bien a quién ya conocimos, los cuestionarios y filtros de salud son barreras, la invitación a quedarse el menor tiempo posible , cambia la calma por la prisa, los colegas vulnerables siguen guardados y la Casa de Meditación sigue, inexplicablemente sin abrir sus puertas.

Cuando ya nos habíamos acostumbrado a las clases a distancia, la nueva ola viral nos presenta el formato híbrido.

Consiste en tener a parte de los alumnos en la clase con mascarillas como tú y a la otra parte en cuadritos de video desde algún otro lugar del planeta.

Hablas a los presentes, sin olvidar a los que desde lejos proyectan su cara en un pizarrón futurista, mientras una cámara sigue mientras tus pasos de un lado al otro de la clase.

Todos inevitablemente tenemos prendidos y usamos todos nuestros dispositivos y ya no importa en dónde estén nuestros cuerpos. Hasta que de pronto captamos que no somos personajes de una serie distópica estilo Black Mirror y que no estamos en el futuro. Esto es el presente, nuestro aquí y ahora o lo que queda de él y lo estamos viviendo.

Increíble pero nos adaptamos una vez más y no sabemos si festejar lo maleables que somos (ahora le decimos resiliencia) o llorar por una forma de vivir que no parece que vaya a regresar.

Si la vida está en otra parte como dice Milan Kundera, me gustaría saber en dónde y si la vida es lo que describo en estas líneas, habrá que mutar a una existencia híbrida, no del todo deseada, pero indispensable, al menos durante el año que comenzamos.

Bienvenidos al presente.