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2 de julio Reconciliación Nacional

La noche de octubre de 2014 en la que en mi propia ciudad, mi propio gobierno decidió golpear y mandar a cárceles de alta seguridad a estudiantes que pedían la aparición de los normalistas de Ayotzinapa pensé que todo se había perdido.

Sin embargo lo que siguió fue más aterrador aún: crisis económica, gobierno espía, corrupción sin límites, jueces y fiscalías inútiles incluso frente a las evidencias más obvias y la cereza del pastel, la ley de seguridad interior que daba el tiro de gracia a la libertad.

Entonces fue el día de ayer y pese a todo, la justicia llegó de manera pacífica a través de las urnas. Y volví a creer en la democracia mexicana y volví a salir a las calles, ahora a festejar, a gritar de esperanza.

Lo que queda será sin duda duro y habrá que obligar a qué se cumplan las promesas en paz, ojalá además lo hagamos juntos.

Pido por México en estas buenas horas para sus instituciones y para sus ciudadanos.

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1994 1 2014 43

En 1994 México era un lugar más seguro de lo que es hoy. Si bien comenzaba el conflicto en la selva de Chiapas y se había asesinado a un candidato presidencial, no se descubrían fosas con cadáveres ni se desaparecía por millares a las personas.

Con al menos una excepción: mi hermano Jacky, Jacobo Grinberg Zylberbaum.

20 años han pasado y en resumen ninguna autoridad ha dado con su cuerpo, ni con un solo signo de vida.

Y nos duele a tantos y nos duele tanto todavía.

En 2014 la lista oficial de desaparecidos suma ya decenas de miles y basta leer las noticias para saber que los cadáveres aparecen por cualquier rincón del país. Y cuando parecía que nos habíamos acostumbrado, cuando solo quedaba no despertar ya más de tanta anestesia espesa y roja, el estado asesina a 6 y desaparece a 43 jóvenes estudiantes de  Ayotzinapa, Guerrero.

El dolor y las matemáticas, el luto y los números son incompatibles. Sin embargo cierro los ojos y trato de multiplicar la incertidumbre y la desesperación experimentada por una familia, mi familia,  por 43.

1 X 43

Operación macabra que solo lleva a sentir desesperación.

Pensaba esto ayer caminando por las calles de una ciudad indignada, cuando una estudiante que repartía pequeños papeles, solo media cuartilla, me entrego 1 e inmediatamente salió disparada, huyendo, o quizás volando, ya que al leer lo que me dio dude de su corporalidad.

No viene firmado, se trata de palabras desnudas. Palabras que flotan en un país que ha perdido tanto, que ya también ha perdido el miedo.

“Debajo de la tierra yacen unos pequeños zapatitos, sin nombre ni rostro, junto a ellos ropa desconocida, fosa tras fosa la misma imagen, solo números, una estadística más, manipulada para ocultar un ancestral dolor ¿Qué importa? ¡ No son los normalistas ! Para qué indagar su historia? ¡Quienes son da lo mismo! ¿Verdad?

Los Abarca caen. Un títere más cuyas cuerdas fueron cortadas para distraer mientras el titiritero se burla del engaño. ¿Hasta cuando seremos ingenuos espectadores de un rojo espectáculo lleno de poder y hastío? ¡Claro es fácil negar el apoyo a quienes -con rabia- desentierran zapatitos en busca de un hijo o una madre! ¿Y cuándo sean nuestros hijos, también entonces, seremos indiferentes?”