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Veinte años sin Jacobo

Querido Jacobo:

Hace 20 años que te esfumaste del mundo conocido, sin avisar, seguramente sin intención, como un mago que en su acto final se desaparece a si mismo.

Te mentiría si te digo que no te extrañamos.

En la familia Papá se fue unos años después de tu ausencia y nos hemos llenado de niñas y niños hermosos que nos inyectan de alegría y de amor todos los días.

Aunque de algún modo seguro lo sabes, ya eres abuelo de dos hermosas jovencitas.

El México que conociste, no se parece en nada al país actual de asesinados y desaparecidos contados por millares. También se que de algún modo te duele tanto como a nosotros.

Por el otro lado la ciencia, tu pasión, avanza a pasos agigantados descubriendo un mundo en el que lo material es también consecuencia de la interacción y el intercambio entre la energía y el campo. Lo importante es la red, la laticce y de ahí se desprende todo: la materia, el espacio, la energía…

No solo se postula si no que se comprueba -a través de asombrosos experimentos en túneles redondos que miden kilómetros- la forma en que las partículas -las cosas más esenciales- adquieren masa y por lo tanto se convierten en materia.

Después de muchos años ya tenemos con quién hablar de lo que contigo era tema diario de conversación, hemos hecho comunidades que comenzaron en Internet y que se han vuelto solidas amistades construidas sobre tus ideas.

Aunque ahora que hago cuentas no creo que sepas lo que es Internet, pero para ti va a ser fácil de entender. Se trata de casi toda la humanidad conectada a través de una red no local. Eso si, todavía no se trata de una red de cerebros desnudos, aún necesitamos máquinas para lograrlo.

La meditación con viejos y nuevos nombres como Mindfullness se vuelven populares y nos ayudan a entender lo imprescindible de lo espiritual para poder interactuar y sobrevivir en nuestro limitado mundo material.

Te imagino jugando con cualquier teléfono inteligente o tableta y me muero de la risa al imaginar tu cara de asombro y de diversión.

La última vez que te vi, el 7 de diciembre de 1994 estaba haciendo teatro, el 7 de diciembre de 2014 estaré también haciendo teatro. Ya sabes que eso es lo que me gusta, lo que me conecta con lo espiritual, con los sueños y con las personas. Es un poco la comprobación de El Yo Como Idea. Si el actor puede ser el personaje sin dejar de ser él, eso significa que su yo es una idea en movimiento.

Genio, donde quiera que estés disfruta de tener la razón y que al menos eso nos sirva de consuelo.

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1994 1 2014 43

En 1994 México era un lugar más seguro de lo que es hoy. Si bien comenzaba el conflicto en la selva de Chiapas y se había asesinado a un candidato presidencial, no se descubrían fosas con cadáveres ni se desaparecía por millares a las personas.

Con al menos una excepción: mi hermano Jacky, Jacobo Grinberg Zylberbaum.

20 años han pasado y en resumen ninguna autoridad ha dado con su cuerpo, ni con un solo signo de vida.

Y nos duele a tantos y nos duele tanto todavía.

En 2014 la lista oficial de desaparecidos suma ya decenas de miles y basta leer las noticias para saber que los cadáveres aparecen por cualquier rincón del país. Y cuando parecía que nos habíamos acostumbrado, cuando solo quedaba no despertar ya más de tanta anestesia espesa y roja, el estado asesina a 6 y desaparece a 43 jóvenes estudiantes de  Ayotzinapa, Guerrero.

El dolor y las matemáticas, el luto y los números son incompatibles. Sin embargo cierro los ojos y trato de multiplicar la incertidumbre y la desesperación experimentada por una familia, mi familia,  por 43.

1 X 43

Operación macabra que solo lleva a sentir desesperación.

Pensaba esto ayer caminando por las calles de una ciudad indignada, cuando una estudiante que repartía pequeños papeles, solo media cuartilla, me entrego 1 e inmediatamente salió disparada, huyendo, o quizás volando, ya que al leer lo que me dio dude de su corporalidad.

No viene firmado, se trata de palabras desnudas. Palabras que flotan en un país que ha perdido tanto, que ya también ha perdido el miedo.

“Debajo de la tierra yacen unos pequeños zapatitos, sin nombre ni rostro, junto a ellos ropa desconocida, fosa tras fosa la misma imagen, solo números, una estadística más, manipulada para ocultar un ancestral dolor ¿Qué importa? ¡ No son los normalistas ! Para qué indagar su historia? ¡Quienes son da lo mismo! ¿Verdad?

Los Abarca caen. Un títere más cuyas cuerdas fueron cortadas para distraer mientras el titiritero se burla del engaño. ¿Hasta cuando seremos ingenuos espectadores de un rojo espectáculo lleno de poder y hastío? ¡Claro es fácil negar el apoyo a quienes -con rabia- desentierran zapatitos en busca de un hijo o una madre! ¿Y cuándo sean nuestros hijos, también entonces, seremos indiferentes?”