Archivo por meses: julio 2015

Días de reinventarse

Shanti

A solas en casa, acompañado de Shanti mi gata, mis libros, las mañanas soleadas y las tardes lluviosas del centro de México.  Así he pasado unos días leyendo mucho, pensando y escribiendo.

Me reinventa la vida que me regala la oportunidad  de prepararme para contar cuentos a pacientes y  familiares de los hospitales del Seguro Social a partir del próximo septiembre.

A preparar una nueva versión del Teatro Cuántico.

A hablar con grandes viejos y nuevos amigos.

A escribir un poco a mis lectores, a ustedes que han leído estas páginas, algunos ya durante años.

Publicar yosomos.com ha representado para mi un cambio y una renovación completa de mi vida. Me ha permitido conocer lugares increíbles y a personas maravillosas.

Me ha inspirado a escribir mi primer libro.

Nos ha permitido a todos crear una comunidad, a veces virtual, a veces literaria y otras tantas física, que acompaña y comparte ideas de conexión y corresponsabilidad entre todos los seres pensantes.

Alguna vez les conté de mi primera visita a Swami Rameshwarananda Giri Maharaj en Valencia, en la cual fui recibido con las siguientes palabras: «Vienen tiempos difíciles y entre más seamos mejor».

A cinco años de distancia comprendo lo acertada que fue y que sigue siendo la frase.

Escribir este blog me ha descubierto que en este camino llamado vida es mejor ir tomados de la mano.

Por todo eso y por mucho más quiero agradecer a todos los que con su lectura, sus comentarios y sus colaboraciones han construido nuestro espacio, nuestro Yosomos.

Muchas gracias.

Lejaim. Por la Vida

David Grinberg

Próximo estreno del módulo La Luz del Teatro Cuántico

Arbol Estimados lectores:

El taller se reinventa para experimentar y abordar a la luz, a los saltos cuánticos y a nuestro papel consciente en nuestro asombroso universo.

No se pierdan el estreno que se llevará a cabo en la ciudad de puebla el sábado 15 de agosto de 2015.

Invitados todos a comenzar o a seguir descubriendo desde el juego y el arte los misterios de la ciencia. Teatro Cuántico: La Luz. Reservaciones con: Manuel Bayardo, al celular: 222 954 31 71 o al 617 29 23 Hotel Los Sauces, Av. Forjadores (Entre plaza San Diego y Periférico). San Pedro Cholula, Puebla Carta de introducción: El módulo La Luz del taller de Teatro Cuántico está pensada como un viaje personal y teatral. El reto es viajar aun más lejos con la ayuda de sofisticadas herramientas como lo son, nuestro cuerpo, nuestra mente, y nuestro ser. Los humanos estamos formados por millones de células, órganos complejos, sistemas que trabajan uno al lado del otro, todo a un ritmo, todo a partir del ADN que formaba parte de las células reproductivas de nuestros padres, formadas por las partículas de la tierra, formadas a partir de las estrellas, formadas a partir de una gran explosión llamada Big Bang … Nuestro cuerpo necesita agua, sol, movimiento, aire… Se mueve sin parar al ritmo de cada latido, sin importar si estoy dormido o corriendo. Cambia todo el tiempo regido por el ciclo de la vida y de la muerte. Durante un determinado periodo de tiempo, sustituimos con nuevos elementos a lo que va muriendo dentro de nosotros, hasta que nos llega la hora y para entonces podríamos haber dejado nuestra información mezclada con la de un ser amado en un nuevo ser, que luchará también, por un determinado espacio de tiempo, a favor de la vida. El cerebro humano es quizás el órgano más complejo que podamos encontrar en el mundo vivo. Un órgano formado por miles de millones de neuronas haciendo incontables operaciones a cada instante para que podamos pronunciar una palabra, recordar una cara o un sabor, mirar una imagen o escuchar una canción. Y nuestro ser es parte de nuestro cerebro, y de nuestro cuerpo pero al mismo tiempo sabemos, intuimos, que no es parte de ellos, asumimos que usa las herramientas de la vida humana pero no esta precisamente ahí. Aunque sin el cuerpo que suda, que come, que disfruta, que padece, no podría manifestarse. Vaya herramientas y vaya felicidad poder usarlas, para aprender, para sentir, para descubrir que acaso los limites de nuestro ser no están marcados únicamente por el ciclo de nuestras vidas. ¿Qué significa la no localidad de nuestra mente? ¿Qué significa vivir en un espacio- tiempo no lineal? ¿Qué supone para nuestra realidad descubrir que la materia y la energía son intercambiables? ¿Qué significa descubrir que estamos hechos de oscilación, la cual de algún modo forma la materia que nos conforma? El Teatro Cuántico plantea preguntas y da algunas respuestas aunque – como es tradición- hace que otras tantas cuestiones que no te habías planteado comiencen a rondar por tu cabeza. Bienvenidos a bordo. David Grinberg Preciado

Del Taller de Fomento a la Lectura

Universidad Iberoamericana. Julio de 2015
Universidad Iberoamericana. Julio de 2015

Estimados lectores:

La semana pasada impartí el taller de Fomento a la Lectura en la Universidad Iberoamericana.

Un grupo de profesores de diversos colegios de bachillerato me acompañaran en la aventura que año con año emprendemos por el universo de los libros, las palabras y el entusiasmo por la principal herramienta de aprendizaje: la lectura.

El último día César, un nuevo amigo, escribió un texto nos encantó por la nostalgia evocada en los capitalinos de mi generación que nos acompañaban, así que al final del taller le pedí permiso para compartirlo con ustedes mis queridos lectores.

Que lo disfruten y gracias a César Quiroz

El día que me volví charrocker.

Por César Iván Quiroz Trejo.

Llegué corriendo hecho la mocha a casa de mi mejor amigo Sergio, gritaba buscándolo:

-Enano, enano. ¿Dónde estás?.

Su hermana Verónica, asomó la cabeza por la puerta de la cocina, de ella alcanzaban a salir las notas edulcoradas de una rolita de Flans: “…Te conocí en un bazar, un sábado al mediodía…”, acompañadas, obvio, de sus gorgoritos sabatinos que intentaban alcanzar las notas de dicha melodía.

-Hola, ¿estás buscando a Sergio? -se detuvo en su tatarear desafinado para cuestionarme con una voz de fresa que hasta me enchinó el cuero.

-Obvio, ni modo que a quién. -Devolví con sarcasmo la respuesta para agregar

-¿Dónde esta el “chaparral”?.

-Pues ha de estar todavía acostado, con eso que ayer te fuiste bien tarde.

Remató esto al mismo tiempo que se trataba de fijar con aqua net fija punk, su fleco de 20 centímetros que por encima de la coronilla la acercaba, al menos en su mente, al estilo de Ilse, Mimí o Ivonne.

-Ok, voy a su cuarto, oye Vero, chido tu relajo y tus greñas, como para que salgas en esos bodrios de estrellas de los 80’s o mínimo en X-E-Tú.

Indignada torció la boca y me repeló, con la lengua más enredada aún por el coraje:

-Pues al menos salen en la tele, no que los grupos que escuchan ustedes ni en el radio los pasan, nacos.

-Fresa.

Le saqué la lengua y me di a la tarea de subir de dos en dos la escaleras que llevaban al cuarto de mi amigo.

Abrí de sopetón la puerta, empujándola ruidosamente, salté a la cama de Sergio, mi mejor amigo, “El enano”, “El chaparral”, “El tranvía” -porque no llegaba al Metro-, en fin, mi pequeñín camarada con quien compartía todo lo que cualquier quinceañero vive en su vida diaria.

Ese sábado en particular había llegado uno de los días más importantes, ir a un concierto de rock, no cualquiera, no, ir a ver a Botellita de Jerez, sacerdotes máximos del guacarock.

-Órale wey, levántate, no ves que hoy es el concierto de los botellos en la Gandhi.

Intentó abrir sus ojos despegando sus chinguiñas, limpiando la baba que cubría medio cachete y con un grito rockero, se incorporó.

-Wey, no mam’s, nuestra primer tocada de rock juntos -rugió el buen Checo y acto seguido, saco de su funda morada con garigoleadas letras, la negra tortilla de acetato que en sus surcos guardaba la neta del planeta del rock mexicano.

-Ok, ok, vine para que no te me fueras a echar pa’tras, como cuando íbamos a ir a ver a Queen a Puebla y el día antes tu jefe no te dejó ir a esa orgía de rock y perdición-reproché a mi buen compadre.

No dijo nada y comenzamos a cantar a coro y con todo nuestro furor rockero, la bella letra de Oh Dennys, no la hagas de Tok’s en Wings, yeah baby, porque to Vips or not to vips, that’s the Woolworth.

La mayor parte de la tarde se nos fue en prepararnos, en adornar nuestros atuendos rockeros, los chalecos de mezclilla, playeras de algodón, jeans entubados con estoperoles a los lados como si fuera una vestimenta de charro, o mejor dicho de charrocker y el infaltable walkman.

Al fin dieron las 5 de la tarde, hora que escogimos para salir a nuestra gran aventura, ya sé que ir de Tlalpan a San Ángel no es la gran cosa pero, sin papás, sin hermanos mayores, solos, eso era pura vida.

Abordamos el delfín en Insurgentes sur, Ruta 17 que corre de La Joya a Indios verdes.

-A ver brother, ahora sí ponte en tus walkman el cassete del disco, el que grabamos ayer para esta insigne ocasión.

Sergio sonrió y dio play, para que montados en la parte trasera del destartalado y amarillento camión, ahí donde solamente los valientes se atreven, emprendiéramos el camino hasta Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo.

Y ahí vamos gritando nuestras rolas, mirando la avenida como si fuera una carretera que nos llevaría a otra dimensión.

Bajamos en el monumento a Obregón, ese que tiene la mano del mismísimo general sonorense, chale, la historia patria y sus reliquias son parte de un pasado que nada tiene que ver con nuestras quince primaveras y los canticos rockeros de nuestros ídolos.

Llegamos a la librería, con sus estantes de madera repletos de ejemplares y como siempre sucede en los sábados atascada de gente, entonces vemos el cartel que anuncia que a las 7 de la noche, Botellita de Jerez, se presentará en un concierto en el foro de la librería.

Emocionados chocamos las manos, gritamos, nos reímos como loquitos, se había llegado el momento de estar escuchando juntos nuestras rolas favoritas.

Obviamente nos acercamos a la caja donde se vendían los boletos, son 50 pesos, dice la señorita mirando nuestros falsos tatuajes, que emulan a los de el Uyuyuy o del Mastuerzo o del Cucurrucucú, y poniendo atención a los botones que adornan las solapas de nuestros chalecos.

-Vas wey, paga -le digo a Sergio.

Mete sus manos en los bolsillos, su rostro alegre se pone nervioso, y como cada que pasa eso, la parte superior del labio se le humedece con pequeñas gotitas de sudor.

-¿Oye wey no te di la lana? -Me pregunta ya realmente alarmado.

-No pinche enano, tú lo guardaste, dizque porque eras una pinche cajita de seguridad.

-Wey se me hace que los perdí.

-No me chingues.-alcancé a decir.

Los que estaban detrás de nosotros en la fila nos apuraron hasta el punto que tuvimos que salirnos de ella.

Como siempre que salíamos yo me hacía cargo de la lana de los ruta 100, o le pedía el abono del transporte a mi hermano más grande, así que solamente con 6 pesos en el bolsillo nos resignamos a regresar a casa sin cumplir nuestro destino.

De pronto, una camioneta vieja se estacionó cerca de la entrada de la librería y detrás un vochito donde estaban, oh sí, los integrantes de Botellita de Jerez en persona. La tristeza se tornó de nuevo en púber euforia, nos acercamos, y un segundo antes de pedirle un autógrafo se me iluminó el rostro.

-Hola, que chido conocerlos en persona, -dije a los tres y les mostramos nuestros tatuajes como si fueran la insignia que nos identificara como miembros de la misma secta o algo así.

Los tres sonrieron y al unísono, o casi, nos propusieron, oigan quieren ayudarnos con los instrumentos.

Volteé a ver a Sergio, la emoción únicamente nos permitió decir un ajá entusiasta.

Y comenzó la chamba, bombo, bajo, amplis, lira, tarola, platillos, micros, bases para micros, toms de aire, pedales, wow, en nuestras manos teníamos las materias primas con que Botellita de Jerez creaba la música que a nosotros nos hacía sentir rebeldes, distintos, rockeros y vivos.

Al terminar, sudorosos pero felices les dimos las gracias.

-Oigan pero se quedan a la tocada, ¿No? -preguntó el Mastuerzo.

Bajamos la cabeza con pena para negarlo.

-Es que aquí el Chaparral perdió la lana que teníamos para los boletos -dije compungido.

Entonces el Uyuyuy, dijo -pues no hay pex, se ganaron su entrada cargando el equipo, vénganse.

Subimos detrás de ellos, el último en entrar fue el Cucurrucucú, y el encargado del foro nos detuvo para preguntarle al grupo.

-Éstos chavos vienen con ustedes- Sergio y yo contuvimos la respiración, y respondieron.

-Sí son nuestros secres -el tipo sonrió y nos franqueó el acceso.

Ya adentro, vimos el sound check, nos firmaron nuestras playeras y después de esto nos volvimos los charrockers número uno de todo Tlalpan y pueblos circunvecinos.

Botellita