Un día a Consciencia

Un día a conciencia.

Por Arturo Sosa

Un día a conciencia es ver el mundo con ojos nuevos, maravillarse de las pequeñas cosas que nuestros sentido detectan, como si por primera vez las conociéramos, para apreciarlas como experiencias de vida que pueden dejar huella en nuestra conciencia.

El día de hoy me levanto y como la mayoría los días medito por una hora, dentro de  la meditación soy consciente de las ideas que llenan mi mente, hoy decido actuar distinto, me prometo dejar conscientemente de pensar en mis problemas o mis necesidades y solo seré una mente testigo, para darme cuenta de las situaciones que me rodean y de las personas con quien mi rumbo se cruza.

Después del baño, me visto, apresurando mi paso llego a mi automóvil, soy conciente por vez primera del olor que despiden las plantas, quienes agradecidas por haber recibido agua retribuyen de una manera increíble a los cuidados brindados, y mientras reciben los primeros rallos del sol iluminan mi primer recuerdo consciente del día.

Decido dejar mi automóvil en un estacionamiento para tener más tiempo libre de patrones automatizados, el conducir se compone en frenar y acelerar librar obstáculos, así como contenerte de no pelear con otros conductores; actividades que mediante la repetición se incorporan a los procesos inconscientes o automatizados y nos alejan de la conciencia de las situaciones de la vida cotidiana.

Tomo un transporte colectivo, me doy cuenta de que  la gente se preocupa por no estar en el aquí y el ahora, pareciera que es más importante tener la mirada fija en un punto cualquiera, sin importar donde, para que la mente vague por los pensamientos más dispares, meros cuerpos sin conciencia, miradas que te miran sin ver, perdidas en la profundidad de ideas  externas que automatizan los actos.

Llego al centro de la ciudad, a una calle donde venden equipos de computo y consumibles que mantienen funcionando la tecnología que define nuestra época, lugar donde la gente tiene un propósito, buscar aquel bien que necesita nuestro equipo de computo, pieza importante y canal de comunicación que nos mantiene alejados del contacto personal pero nos acerca al trato virtual, la comunicación por medio de las redes sociales donde estamos mejor informados de los sucesos o de la vida de la persona que viven del otro lado del mundo informático, que  la vida de nuestro vecino que se encuentra a unos pasos de nosotros.

Me llama la atención una mesa objeto de miradas intensas, a media banqueta estorbando el paso esta una persona diestra con las manos, con tres tapas que mueve de un lado a otro, ofrece duplicar el dinero siempre y cuando le digan donde quedo la bolita, asechando a incautos quienes movidos por el deseo de dinero rápido, entregan de la forma más rápida lo ganado por su trabajo.

Inmediatamente detecto a la persona que siempre gana, una mujer demasiado maquillada para ocultar los años que se han quedado grabados en su cara, tiempos tal vez de penurias que decidieron su actuar, también están dos personas que a la vez de seguir el juego pierden y ganan alternando un billete que se pasan entre ellos mano a mano, para evitar pérdidas, y quienes también se dedican a golpear para defender su modo de vida. Estas dos personas en particular huelen a alcohol rancio, muestran tatuajes en sus manos como trofeos y no ocultan la agresión rampante apenas contenida por el sopor provocado por dos días de ingestión etílica.

Al darse cuenta de que descubro su truco soy objeto de su atención, por lo que decido seguir mi camino, a veces es más seguro observar y seguir el camino.

Acudo a mis citas concertadas, consigo los precios de consumibles necesarios para perpetuar la supremacía de la tecnología, y terminando mi día me dispongo a regresar por  mi automóvil.

Regreso al transporte colectivo Metro, y al mismo tiempo dos mujeres jóvenes, aproximadamente de unos veinte años, se sientan frente a mí, la primera muy arreglada esta afanosamente dedicada a terminar su atuendo, con pinturas de labios y perfume no termina, porque al mirar su espejo siempre detecta algo más que arreglar, resultando en una nueva sesión de arreglo sin fin, la segunda esta arreglada sin más pretensiones que verse bien sin llegar a exagerar pero consciente de su juventud que le da frescura, están separadas, más que por cuatro bancas vacías, por su actitud frente a la vida.

Pasan dos estaciones, subiendo tres hombres jóvenes de unos dieciocho años, con apariencia de haber estado bajo un ejercicio extremo sudando copiosamente y con su cabello revuelto, tanto así que uno de ellos llama por celular pidiendo que tengan una toalla lista porque al parece olvido traerla para cumplir con su aseo, al principio se sentaron junto a la muchacha quien no se preocupaba mucho por su arreglo, ignorándoles sin más, consciente tal vez de su desarreglo pero sin tomarles en cuenta, solo tal vez un poco por el olor que despedían, pero sin hacerlo patente.

Los jóvenes inconscientemente, se alejaron de esta muchacha, tal vez de una manera automática, cambiando de asiento, la mujer quien estaba tan preocupada por su apariencia, cambio drásticamente su expresión al notar a estos jóvenes desaliñados, su cara se transformo en un rictus de disgusto, tratando por todos los medio de alejarse de estos tres entes que escapaban a su esquema mínimo de cortesía, tanto la mujer como los hombres no eran conscientes de los procesos automáticos que se reflejaban en su leguaje no verbal.

Los hombres habían terminado de entrenar fútbol americano  por eso el sudor era más que signo de disgusto una muestra de haber cumplido con los estandartes solicitados por el entrenador, donde sudor y dolor eran los componentes mínimos del entrenamiento, felices se acercaron a una mujer quien perfectamente maquillada y con olor a perfume, era agradable para ellos; La joven mujer en cambio dibujaba en su cara un disgusto extremo por estos hombres quienes le ofendían con su olor y su falta de aseo. Pero al no ser conscientes de estos procesos no actuaban respetando unos a otros. Para la joven mujer lo adecuado sería cambiar de asiento para alejarse, pero ello sería tomado como una falta de cortesía extrema por los muchachos. Una situación compleja y totalmente automática.

Seguí mi camino, consciente de cada paso que daba y de la respiración porque la mejor manera de estar aquí y ahora es el cuerpo, cuando la conciencia permea los procesos automáticos se convierte en un ancla para la presencia.

Nuevamente subí a un vagón del Metro, donde esta vez estaba más lleno de gente, casi al mismo tiempo otros tres muchachos jóvenes, subieron al vagón estos no llegarían a los dieciséis, se movían hablaban y actuaban de una manera impulsiva  demostrando como su cuerpo era un caldero de hormonas en ebullición.

En la siguiente estación una joven mujer de formas bien definidas con un gran escote y lentes negros subió al mismo vagón causando una reacción inmediata a estos tres jóvenes acercándose tratando de hacerse notar subiendo la voz y diciendo entre ellos para que la gente escuchara:

– ¿Y Chi Chocamos?

– Pos Chi Chocamos Que rico- le contestó otro, haciendo referencia al gran escote.

La joven muchacha sin hacerle caso les ignoró esperando con impaciencia que de una vez se bajaran del vagón.

En el mismo momento que estos tres jóvenes se bajaron una pareja subió, ella con ojos rojos y huellas en la cara de haber estado llorando, de no más de diecinueve años. El de treinta y tantos, tratando por todos los medios de alejarse de ella.

Acercándose para tal vez recibir un poco de consuelo de él, solo obtuvo un pañuelo y una palabras susurradas en baja voz, para alejarse y bajarse de inmediato dejando sola a esta joven mujer llorando sentada en el piso del vagón, sola y desamparada.

Mi atención se fijo en esta joven muchacha, y al ver que trataba de acercarme para preguntar si necesitaba algo, ella con mas vergüenza que desazón, se alejo de mi, tratando de ocultar sus lagrimas para pasar desapercibida, pareciera que nuevamente toda la gente fijaba su atención en un punto evitando ver y notar a las demás personas.

Quise decirle que no importaba que le hubiera sucedido que habían más cosas por reír que por llorar, que era muy joven para sufrir tanto pero todo ello quedo solo en mi mente, porque al notar que me había dado cuenta de que lloraba se bajo lo más pronto posible del vagón para evitar cualquier contacto o pregunta incomoda.

Al final del día me doy cuenta de que los jóvenes están más cerca de las emociones  y que la gente mayor ha perfeccionado la máscara de inconsciencia e ignorancia que le evita ser consciente del aquí y el ahora.

La juventud es una gran virtud, pero se cura o se empeora solo con los años….

Un comentario en “Un día a Consciencia

  1. Cómo haCER LLEGAR ESTE COMENTARIO A OTROS?
    nO VEO EL BOTÓN PARA LINKS .
    eS MUY BUEN EJEMPLO DE LO QUE EN iNDIA LLAMAMOS sAKSHIBHAVA.Éste ejercicio hecho en forma continuada por años puede llevar a la toma de conciencia de quienes somos.
    También nos pone en contacto con nuestros vaivenes internos y nos permite deshacernos de aquello en nosotros que no nos ayuda a evolucionar y a manifestar creciente armonpia.
    Observar a cada paso lo que pienso, lo que siento, lo que digo y lo que hago es el comienzo de la revolucion interior .De la oscuridad a la luz

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