Mi primer director de teatro.

Con cariño para Ari al cual le deseo una rápida recuperación.

La posición fetal con la que empezaba el ejercicio me había transportado hasta el momento previo a mi nacimiento. La voz de Ari, tranquila pero con suficiente volumen, se escuchaba desde su silla de siempre en la tercera fila de butacas del viejo auditorio.

El taller de teatro comenzaba siempre con una relajación guiada que sobre todo tenia la virtud de detener por unos instantes la mente acelerada de diez jóvenes de 14 años. Cerrábamos los ojos y dejábamos de ver la marca de los pantalones de las chicas y lo que soñábamos que hubiera debajo. Nos olvidábamos también de la tele que veíamos mínimo cuatro horas al día, de los libros de anatomía, de los mapas de historia, de los audiovisuales con transparencias del sistema nervioso, de las notas en rojo de los exámenes, del fútbol, de las canciones de moda y hasta de nosotros mismos. Nada era relevante aparte de viajar guiados por la voz del director que además es mi hermano.

El teatro nos daba lo que la familia no pudo. Con tristeza pienso que la oportunidad era sobre todo de conocernos y con alegría debo decir que nos caímos muy bien.

El “Enfermo Imaginario” de Moliere se iba construyendo muy poco a poco, partiendo de ejercicios de voz e improvisaciones, de memorización en los recreos, del idioma español único de la Editorial Porrua, de ensayo tras ensayo en un auditorio sin ventilación, de la prueba de vestuario en la Casa Tostado, de los objetos traídos de la casa de las abuelas.

La obra de pronto estuvo montada, la estrenamos en el colegio Tarbut con toda la secundaria a la cual milagrosamente mantuvimos más de una hora felices en sus asientos.

Luego llego el día del concurso de zona de la Secretaria de Educación Pública, luego el del toda la ciudad en el entonces Teatro del Bosque.

Y luego visitamos a las escuelas vecinas y hasta estuvimos en el Teatro del Museo Universitario del Chopo.

Aprendimos a traer el universo al escenario y a liberarnos de todo lo que tantas personas querían que fuéramos apoyados en las líneas del comediante francés y en la visión de mi primer director de teatro: Ari Telch, un enamorado de su trabajo del cual orgullosamente fui contagiado.

Gracias

3 comentarios en “Mi primer director de teatro.

  1. Siento muchísimo l que está pasando Ari. Finalmente su locura interior lo atrapó hasta hacerlo vivir tranquilo en un mundo irreal, pero a la vez hermoso. En donde nada ni nadie puede traspasar.
    Así era él impenetrable.
    Pido que se recupere pronto.

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