Archivos diarios: septiembre 11, 2009

A Mis Hijos

Estos días pensaba en si quería publicar algo tan personal en Yosomos o no.

Pero al final ¿Qué no es personal? Cuando todo, incluido el mundo y la realidad solo pueden ser entendidos a través de nuestros sentidos y de nuestra mente.

Además el sentido de este blog es explorar la posibilidad de que yo (o cualquiera) más que ser, somos.

Así que queridos lector@s, les comparto lo siguiente en el Cuaderno de Notas

Sant Cugat Barcelona a 7 de abril de 2009

A mis hijos:

Queridos Gad y Shai:

Algún día podrán leer esto y comprenderlo. También entender que poco a poco, en cada oportunidad que tengo les adelanto lo que pienso del mundo que nos rodea y del sentido de nuestra vida.

Como toda familia judía venimos de todos lados, los bisabuelos de mamá nacieron en Alepo Siria y las familias de sus abuelos, Pepe y Lily se establecieron en México desde principios de los años mil novecientos en donde se casaron y nacieron su Mamá Mery y sus tíos Marcos y Vicky.

De mi lado, mi mamá Kemy nació en Damasco, Siria y creció en Beirut en el Líbano. A los veinte años emigro a México en donde conoció a mi papá Abraham, nacido en un pequeño pueblo llamado Sokolof Podlianski cerca de Varsovia en Polonia. Se casaron y nací yo y su tío Dani, aunque mi papá ya tenía cuatro hijos que son también mis hermanos.

Cuando yo era un niño como ustedes, hagan de cuenta que además de mi Papá, tenía otros tres padres: mis hermanos más grandes: Jerry, Nathán y Jacobo que me llevan mas o menos veinte años de edad.

Y Jacobo, el mayor de todos, venía a la casa algunos domingos y nos contaba las maravillosas cosas que le pasaban en su vida. Después de comer arroz con mole, frijoles y tortillas, nos íbamos a caminar por Polanco y Jacobo nos contaba por ejemplo de una escuela en donde unos niños con los ojos vendados aprendían a ver con las manos. Dani y yo le pedimos que nos enseñará y claro, con toda la paciencia Jacobo nos enseño y aprendimos.

También nos enseño a meditar y a encontrarnos con el observador que todos, también ustedes, llevamos dentro.

Una noche: los tres hermanos mayores llegaron muy emocionados a la casa. Jacobo les había presentado a Pachita, una curandera que operaba haciendo transplantes de órganos con un cuchillo de monte. Hacia cosas inexplicables para la ciencia, pero las hacia.

Mas tarde entendí que en realidad Pachita, poseía el conocimiento para manipular la energía y la materia, transformándola para curar, gracias a su bondad y a su amor por sus pacientes.

A partir de ahí Jacobo comenzó un largo viaje de investigación para conocer y aprender de los chamanes de México que son los médicos tradicionales de nuestro país. Durante este tiempo, escribió seis libros en los que cuenta las formas, el cariño, la entrega y la sabiduría heredada de estos hombres y mujeres.

Y Jacobo siguió investigando, no solo en México, sino también en la India, Nepal y en Israel. Buscaba explicaciones para sus experiencias y tenía una gran necesidad de conocer a maestros que pudieran aclararle principalmente dos cosas:

–       La posibilidad de transformar la energía en materia y la materia en energía.

–       La unidad de los seres humanos, porque el observador de cada uno de nosotros, no esta en realidad dentro de nuestros cuerpos y cerebros, si no en una red o lattice que él llamo el “Hipercampo del Espacio – Tiempo”, en donde las conexiones entre todos los seres son posibles.

Al volver de sus viajes, en su laboratorio de la UNAM (La Universidad de México) trabajaba en un experimento llamado Potencial Transferido para probar la comunicación entre las mentes humanas sin necesidad de ningún contacto físico.

Los primeros días de diciembre de 1994 Jacobo vino a ver una obra en la que yo trabaja en el Deportivo Israelita de México. Recuerdo que la había disfrutado mucho y recuerdo también su beso y su abrazo cuando termino la función. Esa fue la última vez que lo vi.

Después desapareció y nunca más supimos nada de él.

Durante mas de diez años el dolor que sentía por su desaparición inexplicable no me dejaba ver que yo llevaba dentro a mi hermano “Jackie” en todo lo que me enseño, en la manera que tengo de ver el mundo, en la forma en que me siento y siento a los demás.

Ahora me estoy dedicando a contarle, a todo el que quiera escucharlo lo que me enseño.

En este viaje me acompañan principalmente Leah Bella Attie, alumna de Jacobo y entrañable amiga y Estusha Grinberg, su prima mas grande, la hija de Jacobo.

Recuerden siempre, que tenemos la capacidad de crear nuestra experiencia y que el mundo real esta dentro de nuestras mentes.

Sean concientes de las millones de posibilidades que tienen y pueden conseguir en su vida y de lo maravilloso que es escoger una de ellas, en cada momento, en cada respiración, en cada sueño, en cada aprendizaje, en cada juego, en cada proyecto.

Estamos aquí para descubrirnos, descubriendo al mundo.

Los quiero y quiero que lo sepan.

Papá

David Grinberg